Los Pusilánimes


Hay experiencias que nunca se olvidarán, especialmente si tienen que ver con las primeras impresiones de ver al mundo, las de nuestra infancia y preadolescencia. Un día, un niño de trece años inicia su relato: su nombre en Muhammad Alí, claro está en honor al boxeador profesional que admiraba su padre.

Moha, como le dicen sus amigos, sueña con hacerle honor a su nombre, y resulta que para lo que sale buen luchador es para sobrevivir en un barrio de la Ciudad de México donde tiene que lidiar con los más fuertes y grandes, y en una familia con un padrastro y una madre que lo hacen menos.

Los Pusilánimes es el nombre de la novela juvenil de la escritora Ana Díaz Sesma, pusilánimes como un mote que los chicos reciben como insulto u ofensa, pero que en su fondo se acomoda a la definición: "que muestra poco ánimo y falta de valor para emprender acciones, enfrentarse a peligros o dificultades o soportar desgracias".

Sin embargo, el contraste está en que Moha, al igual que sus mejores amigos el Cochambres y el Tachuelas, buscan y demuestran valentía para enfrentar su realidad ante la muerte, familias disfuncionales, desamparo, violencia e incertidumbre.

La novela muestra que el valor de la amistad es una verdadera hermandad, una forma de hacer una familia en la cual el amor y los cuidados incondicionales son primero. La manera en que Díaz Sesma relata cómo se corresponden los gestos de fraternidad incondicional nos da una idea de lo importante que es que los jóvenes convivan sin tener como contacto básico las redes sociales y la tecnología.

En Los Pusilánimes, la tecnología existe, pero no rodea a los personajes. Es como leer personajes de otro tiempo en nuestro tiempo, y eso nos exige imaginar un mundo con límites ante lo virtual, lo digital. Aventuras tan reales como una pelea de boxeo.

La narración es una viva postal de situaciones que nos relacionan y brindan empatía con los personajes. Cuando alguien muere, cuando alguien grita o sufre una humillación, vamos de la mano de esas emociones a través de las páginas, eso de principio a fin.

Está es una lectura ideal y vital para los jóvenes y para los que disfrutaron ya clásicos de la literatura mexicana como Las batallas en el desierto de José Emilio Pacheco, Aura de Carlos Fuentes, o muchas otras lecturas que nos dimensionan ese universo que sólo con los ojos de los adolescentes se podría describir.

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