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Cabrito Mayor

Los toros

Cabrito Mayor

Los toros

En medio de una crisis generalizada a raíz de la pandemia y frente a la aciaga incertidumbre indeterminada de su conclusión, criminal y paradójicamente inhumano, sería afectar aún más a la lastimada sociedad civil, al privilegiar el supuesto bienestar animal por encima de las garantías constitucionales de los mexicanos, que los grupos antitaurinos y animalistas incrustados en la Comisión de Bienestar Animal del Congreso de la Ciudad de México pretenden ejercer al prohibir las corridas de toros en la capital.

Sería inhumano para la sociedad y mucho más para los animales que supuestamente defienden, como ocurrió en su momento con la prohibición de los animales en los circos. Decisión que sentenció a la desaparición y muerte de poco más de 4,500 ejemplares de diversas especies independientemente de “castrar” un espectáculo con rutinas circenses muy atractivas y destinar a la niñez a conformarse a conocer los animales a través de láminas, fotografías y dummies inanimados.

Criminal sería también perder de tajo y en estos momentos de crisis, 100,000 empleos directos y 150,000 puestos indirectos, hecho que provocaría la desaparición de una histórica industria cultural cuyo valor arroja una derrama económica del orden de los $5,541 millones de pesos anuales y con ello se afectaría el desarrollo rural con la extinción de alrededor de 100,000 ejemplares de la raza del toro bravo y por consiguiente, la destrucción de 270 ganaderías que se traducen a 170,000 hectáreas de territorio que recibirían un catastrófico daño en el equilibrio de su entorno ecológico, además de que el estado mexicano perdería $816,900 millones de pesos que se generan de contribuciones tributarias en impuestos anualmente.

Con ello estimado lector, los supuestos protectores de los animales demuestran que no les importa que desaparezca la especie ni las más de 100,000 reses bravas, pues con la prohibición de las corridas, está comprobado, se extinguiría el toro de lidia. ¿Quiere pruebas?  Cuba, Uruguay y Argentina, en donde en el pasado hubo corridas de toros y hoy el toro bravo de lidia, por no tener una utilidad productiva, ya no existe.

Así de ese tamaño es el daño que los diputados de la Comisión de Bienestar Animal del Congreso de la Ciudad de México pretenden recetarle a la sociedad y al equilibrio ecológico mexicano con la pretendida prohibición de las corridas de toros aunque las supuestas mayorías sin razón, pero eso sí, política y convenencieramente bien manipuladas en nuestro país, les den la razón para desaparecer esta histórica industria cultural que junto con el idioma y la religión, desembarcó en forma de toro de lidia hace más de 500 años con la Conquista.

El 4 de enero un grupo de greñudos y vagos protestó en el Congreso de la CDMX y amenazó con instalar un plantón hasta que los legisladores lleven al pleno la iniciativa para prohibir las corridas. La convocatoria fue lanzada por la organización Primer Plantón por la Abolición de la Tauromaquia en México, cuyos activistas permanecieron afuera de la entonces Asamblea Legislativa en 2017 durante 44 días. La calidad moral de esta gavilla de “antis” a sueldo, evidentemente está en tela de duda.

Sin embargo, es importante hablar de esta intentona de prohibición con argumentos banales, estimado lector, pues a pesar de que los “antis” pudieran ser mayoría, la acción sería violatoria al derecho de las minorías, además de una serie de derechos amparados en la constitución, por ejemplo los culturales pues las corridas de toros, como espectáculo público derivado de una actividad cultural, podrán ser reguladas pero no prohibidas. Además de una serie de garantías individuales como la discriminación que atente contra la dignidad humana y tenga por objeto anular o menoscabar los derechos y libertades de las personas como es el caso.

Atacar una cultura, una tradición, una industria sin chimeneas, resulta ser un muy lucrativo para aquellos que quieren darles derechos a los animales, para aquellos que quieren colocar una mascota en cada casa y evidentemente para aquellos que ofrecen ocultando su trabajo ofensivo, productos y servicios con un sinnúmero de alimentos y marcas, para brindar un trato más “humano” hacia los animales, “animalizando” el trato entre nosotros, los seres humanos.

Somos los humanos provistos de conciencia quienes tenemos obligaciones ecológicas con el entorno, entre ellos, la flora y la fauna, pero evidentemente estas obligaciones siempre serán según la utilidad y beneficio que ofrezca al ser humano y no hacia los animales o a un grupo de comerciantes que viven de ellos y de la venta de sus insumos. Humanizar a los animales queriendo otorgarles “derechos” por encima de las garantías individuales de los ciudadanos que cumplen pagando sus impuestos, solamente sería aceptable si habitáramos en el planeta de los simios y eso, estimado lector, realmente sería inhumano y criminal para el ejercicio de nuestras libertades. 

Por el bien de nuestra patria, por el bien de usted, de su familia, de la formación y estimulación del carácter de sus hijos estimado lector, por el bien de nuestra ecología, de nuestros animales, de nuestra industria cultural, de los empleos que producen, de la derrama económica y los impuestos que generan y en resumidas cuentas, por el bien de nuestra cultura y nuestra sociedad, ojalá que pronto se deje de tomar a la industria cultural de la tauromaquia como botín mediático-electorero de los políticos y como botín político-chantajista-económico-electoral de estos mercaderes de la política, en que lamentablemente se han convertido los animalistas.

Por hoy es todo, medite y reflexione lo que le platico, esperando que el de hoy sea un gran día, por favor cuídese y ame a los suyos; me despido honrando la memoria de mí querido hermano Joel Sampayo Climaco con sus palabras: “Tengan la bondad de ser felices”. Nos leemos aquí el próximo lunes, Dios mediante.

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