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Crónicas de un comelón

Magníficos siete

Crónicas de un comelón

Una felicitación a tres hermanos.

En esta ciudad, ha habido restaurantes que han sido parteaguas en nuestra cultura gastronómica. Lugares que se convirtieron en emblemáticos como el Luisiana, el de Diego o el que tiene nombre de un antiguo supercontinente. Cada uno, en su momento, ofreció opciones novedosas en cuanto al servicio, a ingredientes y preparaciones y de cierta forma, cada uno también nos "educaron" en cuanto a la gastronomía, pero también cada uno fue "aprendiendo" a combinar los estilos de cocina que querían ofrecer, con las particularidades del paladar local. Qué tanto han representado estos restaurantes, que uno de ellos figura entre los mejores del mundo según una lista auspiciada por una marca de agua mineral. 

A pesar de todos los aprendizajes que nos dejaron estos restaurantes, había una batalla que no lograba ganarse, la aceptación de un restaurante que ofreciera únicamente menús de degustación; algo que ya se acostumbraba en otros países. Cuenta la leyenda, que hace varios ayeres, un muy famoso chef, tenía en mente abrir un proyecto en la ciudad que operara con esta idea, sin embargo, este concepto nunca vio la luz del día. No es que no existan restaurantes que ofrezcan menús de degustación, sin embargo estos conviven con la oferta a la carta. Al menos hasta hace algunos años, cuando vio la luz un pequeño negocio fundado por tres hermanos y un nombre que muchos no entendimos. Desde sus inicios, el restaurante ofrecía únicamente menús degustación inspirados en las tradiciones y los ingredientes de la región. 

Con los años, el proyecto de los tres hermanos ha crecido en espacio, clientela y reputación, ubicándose sin lugar a duda como uno de los mejores restaurantes de nuestro país. Gracias a este restaurante y a su duro trabajo, los jóvenes han creado un grupo restaurantero, otro par de negocios afines e incluso han trascendido las fronteras de nuestro país. 

No son siete heróicos vaqueros a los que hago alusión en el título de esta columna, ni quiero comparar a los hermanos con aquellos personajes que originalmente llevó a la pantalla Kurosawa (Aunque sí usen cuchillos filosos). Los que son siete, son los años que recientemente acaba de cumplir ese dichoso "restaurantito". Sin duda hoy ya muchos sabemos el significado del nombre, ubicamos a los hermanos y si quizás hasta hayamos tenido la fortuna de haber degustado sus creaciones. 

Siete años en este negocio, en esta ciudad tan competida, no son cosa fácil. Son un testamento al gran esfuerzo que han puesto en sus proyectos, haciendo así honor a la tradición regional no sólo con su cocina. Quiero extenderles una felicitación por este aniversario, aunque estoy seguro que la mejor felicitación la han recibido a través de los frutos de su trabajo. ¡Enhorabuena y que vengan muchos años más!

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