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No es de Locos

(Mañana) Hoy es un buen día para empezar

No es de Locos

Dirección, no perfección Parte 1.

¿Te has encontrado a ti mismo perdiéndote en los reels de IG, tomando una siesta que se alarga, limpiando una y otra vez lo que ya está limpio o viendo un capítulo más en Netflix en vez de ponerte a hacer aquella cosa que has venido postergando? Esta columna es para ti.

En nuestra salvaje y competitiva sociedad, el éxito es visto frecuentemente como una prioridad. He visto de todo en mi práctica privada, desde el estudiante que está intentando graduarse a tiempo y obtener un título, el emprendedor que busca lanzar su negocio al mercado, el empleado que está por presentar un proyecto o la investigadora que está forjando su doctorado.

En todos estos escenarios, se requiere dedicar un esfuerzo constante, consistente y coherente para llegar a sus metas. En un mundo ideal, este empeño sigue y lleva al logro. En el mundo real, existen infinidad de obstáculos, circunstancias y variables que pueden tentarnos a distraer la atención de tu propósito. He aquí la palabra oculta: la procrastinación.

La procrastinación es tan  atractiva porque de hecho nos compra algo sumamente valioso –la evitación de sentirnos aburridos, incompetentes, estresados o de fallar. Pero eso, a la larga, no cuesta más de lo que nos compra. Recordemos que las cosas tienen su doble significado, la realidad externa y la realidad interna (cargada de significados, emociones, pensamientos).

Más allá de querer meramente evadir una tarea en sí, la procrastinación tiene que ver con evadir las emociones negativas asociadas a dicha tarea. A veces al querer hacer algo tan perfectamente bien que paradójicamente, no lo hago. Algo así como “tengo que hacer este reporte pero necesito un día completo sin interrupciones ni mails para poder hacerlo bien así que mejor no empiezo hoy”.

La más común tiene que ver con el perfeccionismo, que de fondo no busca como tal lo perfecto sino más bien, está enfocado en evadir el fracaso. Normalmente, este tipo de pensamiento tan rígido se vuelve poco realista pero sobre todo, poco resolutivo ante los cambios que exigen adaptación.

Cuando ligamos quiénes somos a nuestros logros y desempeño, terminamos volcando todas nuestras fuerzas en no cometer errores ni “fracasar” con tal de mantener esa idea de nuestro valor propio. Para modular un poco el perfeccionismo intenta primero evaluar tu desempeño como un continuo y no en blanco y negro. 

Así como en un examen de español, un maestro por una falta de acento no te pondría cero. Tampoco es realista devaluar del todo tu esfuerzo.

Otro cambio a tomar en cuenta es darle un giro en vez de pensar “tengo que” a “quiero”, en el momento en que cambiamos la narrativa respecto a lo que hay por hacer entonces podemos adoptar más poder sobre el mismo así como demostrarnos las ventajas.

Porque #noesdelocos encontrarte procrastinando perdiendo tiempo en redes sociales, #noesdelocos intentar un nuevo mindset que te permita no sólo ser productivo pero más satisfecho y #noesdelocos diferenciar entre tu desempeño y tu valor único e indisoluble como persona.

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