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Pensando en la gente

Metrorrey: una bomba de tiempo

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Metrorrey: una bomba de tiempo

Debido a que el año pasado se reportaron nueve fallas en el servicio del Metro, de que los vagones de la Línea 1 se tienen que ir deteniendo, por el deterioro de los sujetadores, lo que pone en riesgo la estabilidad de las vías y el viaje se prolonga por más tiempo y, en general, el mal estado en que se encuentran las instalaciones y la mayoría de los vagones, se esperaba que el gobernador Samuel García incrementara el presupuesto para el mantenimiento de Metrorrey en el presente año. ¿Pero qué pasó? Todo lo contrario: aplicó un recorte de 51%, asignándole la ridícula suma de $18 millones de pesos. 

Un gobierno humanista, antes de anunciar obras materiales para ganar titulares en los medios, se hubiera enfocado en brindar seguridad y tranquilidad a los miles de usuarios que utilizan diariamente este medio de transporte; pero no fue así, veamos lo qué pasó.

El lunes 24 de enero, la Línea 2 tuvo uno de sus cierres más prolongados, por 14 horas se vieron afectadas miles de personas que lo utilizan para trasladarse a su trabajo, para acudir al médico, efectuar trámites o realizar sus actividades cotidianas. En el comunicado que emitieron las autoridades ese mismo día, dice: “se reportaron daños desde las 03:05 horas por las condiciones climatológicas”; sin embargo, desde la 01:35 de la mañana ya habían emitido un aviso de la suspensión temporal del servicio. ¿Cómo es posible que le hayan echado la culpa a la lluvia? Cuando el propio director de la institución, Roberto Abraham Vargas Molina, quien tiene pocas semanas en el cargo, señalaba que el origen de la suspensión se debía a que “también hay una fatiga del cable”, con lo cual está reconociendo que la falla del servicio fue por falta de mantenimiento. 

El gobierno del estado, al darse cuenta del descontento social que se generó por esta grave falla, se vio obligado a emitir un comunicado cuyo contenido en lugar de aclarar la situación generó más preguntas que respuestas.

La administración estatal anunció que incrementaría el presupuesto destinado a Metrorrey, sustentado en un estudio técnico, realizado por una empresa externa, que curiosamente “entregó dicho estudio” una semana antes del incidente; de aquí surgen varias interrogantes:

1. ¿Cómo es posible que el propio director de Metrorrey desconociera la existencia del mismo?

2. ¿Por qué dicho director expresó que apenas estaban realizando un diagnóstico del mismo?

3. ¿Cuándo fue la licitación pública para asignar dicho estudio?

4. ¿Cuánto costó?

Además, se jactan de que el presupuesto destinado al mantenimiento –de acuerdo al estudio– será de $300 millones de pesos, “uno de los más grandes que se haya realizado”; pero hay que decirlo claramente y ajustarse a la realidad: ese presupuesto resultará insuficiente, porque tan sólo los sujetadores de la Línea 1, que se tienen que reponer (más allá de los litigios legales), cuestan la cantidad referida, por lo tanto, la inversión resultará insuficiente. El mismo Vargas Molina lo reconoce en sus declaraciones públicas.

Por lo antes referido, se desprende que los comunicados emitidos por Metrorrey fueron realizados por personas ajenas a la institución, cuyo único fin era tapar un problema mediático, generado por la incompetencia de los políticos que ahí laboran, tan es así que su director estaba en otra sintonía, emitiendo argumentos distintos a los del gobierno.

En el Ejecutivo estatal, cuando falla un servicio público, ya se volvió costumbre: 

1. Echarle la culpa a un agente externo, en esta ocasión fue a la lluvia.

2. El gobernador del estado no emite declaración al respecto.

3. Los comunicados públicos no concuerdan con la realidad.

4. Dar una respuesta lenta para solucionar el problema.

Finalmente, a los funcionarios del gobierno del Estado hay que recordarles que los problemas se resuelven con acciones reales, pensadas en favor de la gente y no con acciones mediáticas. 

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