Mezcla letal para las empresas: Inseguridad y rotación de personal. Entre ambos, México perdió $38,200 millones en 2018.


1.- Federico García Gómez salió de la empresa “Hilados y Tejidos del Norte” a las 23:00 horas del sábado pasado, en el parque industrial de García, NL. Ese día entró a las 07:00 horas y al mediodía, sin previo aviso, su supervisor le pidió que doblara turno porque su relevo, que debería entrar a las 15:00 horas, faltó. Llegó a su casa “por instrumentos” porque fue la tercera vez en lo que va de enero que le tocó trabajar 16 horas seguidas.

2.- Una semana antes, a plena luz del día, cuando salía del primer turno a las 15:00 horas, unos maleantes lo asaltaron a media cuadra de la fábrica y le robaron toda la “raya” que acababa de sacar del cajero automático, que la empresa tiene a un lado del comedor.

Estos dos incidentes ilustrados en una misma persona, representaron para las empresas mexicanas un costo de $38,200 millones de pesos. $37,000 corresponden al rubro de la inseguridad y $1,200 millones al de rotación y ausentismo de personal.

Lo que las empresas “invierten” cada año en protegerse contra los delincuentes es considerado por analistas financieros como un costo, porque de no existir el nivel de inseguridad que padecemos en México, ese dinero podría canalizarse a crecimiento, desarrollo y aumento de productividad y rentabilidad de los negocios.

Y ahora, como dijo Jack El Destripador: “Vámonos por partes”.

ROTACIÓN Y AUSENTISMO DE PERSONAL

Cuando una empresa no le dedica a este fenómeno la suficiente atención, pasan cosas como la que narro en el número 1 en la persona de Federico. Me voy a explicar: El faltista “programado” –como le llaman los expertos de Sí Sistemas Integrados de Mercado– sabe que la ley le da derecho a faltar tres veces al mes sin que por ello pierda su trabajo.

Entonces, a su conveniencia le receta a la empresa sus tres faltas, y cuando sus jefes están esperando ansiosamente que dentro de ese mes falte por cuarta vez para despedirlo, el “programado” no lo hace, y apenas pasan los 30 días, se resetea y vuelve a la carga con sus tres faltas permitidas.

Al faltar a la chamba, su trabajo lo tiene qué realizar un compañero, como Federico, doblando turnos con el consabido desgaste. Por más que el afectado le pide a su jefe que haga algo, éste se encoge de hombros, porque consultando con RH le dicen que mientras no falte más de tres veces en el mismo mes no pueden despedirlo, al menos no por esa causa.

Así, Federico termina por cansarse y sin decir agua va, un día decide renunciar ante lo que considera una injusticia, y de esa manera, la empresa pierde a un elemento bueno, y se queda con un indeseable.

Los especialistas a quienes consulté me dicen que el ausentismo es el primer síntoma de una rotación de personal que ocurre por esa y otras causas de las cuales me ocuparé en posteriores artículos.

Los costos de la rotación de personal se transfieren al cliente, porque cuando un comprador está habituado a quien le atiende desde hace años, sufre lo indecible cuando se presenta ante él alguien que le dice: “Soy Pedro Pérez y vengo en sustitución de Federico García Gómez, ¿qué se le ofrece?”

Ante esto, el cliente le responde: “¿Cómo que qué se me ofrece? Federico ya se sabía mis necesidades, ¿dónde está él?” Y Pedro le responde: “Ah, es que Federico renunció, pero no se preocupe, aquí estoy yo para servirle”.

De aquí a que Pedro llegue al nivel de conocimiento del cliente que tenía Federico, va a llover. Este es el costo de la rotación transmitido al cliente.

INSEGURIDAD

Solo un botón de muestra: La Asociación Nacional de Tiendas de Autoservicio y Departamentales (ANTAD) anunció a finales del año pasado que las inversiones de sus afiliados llegaron a $37,000 millones de pesos para protegerse contra robos y otros hechos delictuosos.

Esa cantidad de dinero fue extraída por los comercios de sus presupuestos de crecimiento, desarrollo de personal y otros factores que alimentan su rentabilidad.

En esa cifra no están incluidos los robos que sufre su personal, como Federico en el tema 2, que son provocados por las mismas empresas que en un mal entendido concepto de “servicios al personal”, tienen cajeros automáticos dentro de sus instalaciones.

Un ladrón “picudo” se para en una esquina del parque industrial desde donde domina la salida del personal de una empresa que dentro tiene cajero automático. Es día de pago y quienes salen de esa empresa, traen efectivo en sus bolsillos.

De la otra empresa que es “vigilada” por el ladrón, sale gente con sus “rayas” aún metidas en sus tarjetas de débito. No pudieron hacerlas efectivas porque esa fábrica no tiene cajeros automáticos dentro de sus instalaciones.

El ladrón sólo puede atracar a uno por día. ¿A quién creen ustedes que va a robar? ¿Al obrero que sale con dinero en efectivo “gracias” al cajero, o al que trae la lana metida en su tarjeta porque adentro no hay cajero?

…Continuará….

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