Mi primer ‘librhijo’


Empezaba este milenio, hace ya casi 19 años, cuando me cayó el veinte de que en el lenguaje hay muchas frases que son verdaderos fósiles dejados por circunstancias que vivieron nuestros antepasados. Son ecos de antiguas costumbres ya desaparecidas, de personajes que convirtieron sus nombres en palabras, de episodios importantes de la historia, de simples anécdotas o metáforas producto del ingenio popular.

Tras el hallazgo, esas extrañas fuerzas que son la curiosidad y la paciencia me impulsaron a investigar y escribir historias de frases que escuchaba por ahí ya con oídos nuevos. Para fines de 2001, consideré que tenía materia suficiente para escribir mi primer libro. No fue fácil, pero finalmente nació y lo llamé ¡Hasta que me cayó el veinte!. Aún recuerdo con emoción aquel 16 de diciembre cuando tuve en mis manos aquellos primeros ejemplares impresos.
Hoy comparto un par de destellos de aquel entrañable libro, esperando de ustedes indulgencia para aquel ingeniero que, en los inicios del milenio, tuvo la osadía de internarse en los andurriales del lenguaje, sin sospechar jamás que hacía un viaje sin boleto de regreso.
Vale advertir que, en ¡Hasta que me cayó el veinte!, incluí textos antiguos en los que respeté la escritura original. De modo que si ven “faltas de ortografía”, que lo son para los ojos de hoy, hay que considerar que no lo fueron para los ojos de ayer. Abramos pues el libro.
Tener vara alta (Tener poder de decisión, ser influyente). “Mi hermano tiene vara alta en esa empresa, él te puede ayudar”.
Antiguamente, los ministros de justicia llevaban como insignia una vara alta con una cruz en la parte superior y ésta era símbolo del poder que se les confería.
Los antecedentes de la expresión los encontramos en el Diccionario de Autoridades de la Real Academia Española de (1726-1739): “Vara: Significa también la que por insignia de jurisdicción trahen los ministros de Justicia en la mano, por la qual son conocidos y respetados, y en ella esta señalada una cruz en la parte superior, para tomar en ella los juramentos que suelen decir: Jurar en vara de justicia”. Cerv. Quix, tomo 1, cap 67 “Quando menos se piensa el hombre, se halla con una mano en la vara o con una mitra en la cabeza”.
Y en el mismo diccionario encontramos después: “Vara Alta: Expresión con que se significa el exercicio de la jurisdicción actual en el ministro que usa de ella: y metafóricamente se dice de cualquiera, que quiere ostentar superioridad o mando”.
La vara como símbolo de poder es tan antigua que su origen se pierde en el tiempo; aún hoy en algunos pueblos indígenas existe el llamado “bastón de mando”.
A ojo de buen cubero (Al tanteo): “A ojo de buen cubero, el poste debe medir como dos metros de altura).
Desde antiguo existió el oficio de cubero, el artífice que fabricaba las cubas (barriles), recipientes de madera donde reposaría el mosto que el tiempo convertiría en vino. Por lo rústico de las herramientas, un buen cubero requería de una gran habilidad de cálculo intuitivo para lograr ensambles precisos en la construcción de la cuba.
La expresión coloquial es antigua, ya la encontramos en el Diccionario de autoridades de la RAE, 1726-1739. “A ojo de buen cubero: Phrase que significa el juicio prudencial que se hace de las cosas, según la común experiencia y el conocimiento. Latín prudenti conjetura”.
En el mismo diccionario encontramos: “A ojo: Modo adverbial que vale lo mismo que sin peso ni medida”. De modo que, “A ojo de buen cubero”, bien podría decirse como “A cálculo de buen cubero”.
Sirva este par de guiños para recordar ¡Hasta que me cayó el veinte!, mi primer “librhijo”, que cuando nació aquel 16 de diciembre, me metió a un mundo de palabras del que ya no pude y no quise salir. 
Twitter: @harktos

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