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Opinión

Moraleja financiera de la gata borracha

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Moraleja financiera de la gata borracha

No hay persona más fuera de lugar que un regiomontano caminando por un barrio de la Ciudad de México. 

Es como si uno anduviera en un barrio de Tokio, aunque sin la dificultad del idioma. La cultura, las costumbres, los hábitos, son muy diferentes entre chilangos y regios. 

En Monterrey hacemos carne asada y en México son aficionados al churrasco y al bife. Sobre avenida Insurgentes será fácil hallar más de 20 restaurantes de corte argentino y ninguno de estilo regiomontano. Nos confunden con sonorenses. 

Los vecinos del Topo Chico improvisan en la calle un changarro con toldo, 3 sillas de lámina y un asador con bistecs de dudosa procedencia. 

En La Lagunilla, en cambio, los vecinos venden tortas de tamal y un brebaje exótico que se llama Kitty-chela, que es como tomar líquido radioactivo: mezcla de cerveza, chamoy, naranja, salsa inglesa, tamarindo, y una sarta de gomitas multicolores. 

En CDMX la influencia japonesa es histórica. En Monterrey no lo es tanto. La jacaranda es una especie que trajo a México en 1892 un jardinero japonés: Tatsugoro Matsumoto. 

Lo contrató Porfirio Díaz para que repletara con ese tipo de árbol los alrededores del Castillo de Chapultepec. También se encargó de plantar jacarandas en la Alameda y en el jardín donde ahora está el Museo del Chopo. 

Ahora creemos que en la Ciudad de México siempre han crecido las jacarandas, como en Monterrey crecen los mezquites. Pero eso es tan falso como creer que los cacahuates japoneses de verdad son nipones, cuando son más mexicanos que el chile (sí, ya sé que se les ocurrió a la familia del cantante Yoshio, de origen nipón, pero avecindada en La Merced). 

Lo que sí cultivábamos en Monterrey (ya no) era un hábito muy parecido al de los japoneses: trabajar de más. Y ahorrar. 

Los japoneses son muy trabajadores. El regiomontano era igual: mucho trabajo y ahorro. La diferencia es que los japoneses (con todo y sus altos índices de suicidio) se recuperan de las crisis financieras con más rapidez que los regiomontanos. Y ya no se diga que los mexicanos en general. 

Les pondré un solo ejemplo. A principios de los años 90 cayó la Bolsa de Tokio. Tronó una burbuja especulativa. En esos mismos años, en México, sufrimos la crisis del 94. Causamos un tsunami que se llamó "efecto tequila". Bueno, al cabo de casi 30 años de ese tropiezo, los japoneses volvieron a ser potencia mundial y México sigue produciendo pobres al mayoreo. 

En Japón inventaron un producto frívolo y cursi, de entretenimiento, muy kitsch, bajo la marca Sanrio llamado Hello Kitty, que les genera ingresos tan altos como si fuera un commodity. 

En México también inventamos frivolidades pero son casi siempre para consumo local. No sabemos ni queremos exportarlo. De los pocos productos de exportación nuestra está el tequila y "El Canelo". Aunque a veces nos deje en mal en Las Vegas. 

En la Ciudad de México en vez de producir frivolidad exportable, de clase mundial, se toman cheve revuelta en termos japoneses con forma de gatita Kitty. Y luego se quejan de su mala suerte. 

Ya verán que, por moda, pronto llegará a Monterrey la cursi gata borracha.

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