Ron RolheiserMonterrey
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Todo es de una sola pieza. Cuando no tomamos esto en serio, pagamos un precio.

El renombrado teólogo, Hans Urs Von Balthasar da un ejemplo de esto. La belleza, el afirma, no es un pequeño “extra” que podamos valorar o denigrar de acuerdo con el gusto y el temperamento personal, como un lujo que decimos que no podemos permitirnos. Al igual que la verdad y la bondad, es una de las propiedades de Dios y, por lo tanto, exige que se la tome en serio como a la bondad y la verdad. Si descuidamos o denigramos la belleza, él dice, pronto comenzaremos a descuidar otras áreas de nuestras vidas. Estas son sus palabras:

“Nuestra situación actual muestra que la belleza exige para sí misma al menos tanto valor y decisión como lo hacen la verdad y la bondad, y no se dejará ser prohibida ni separada de sus dos hermanas sin llevárselas consigo misma en un acto de venganza misteriosa. Podemos estar seguros de que quienquiera que se burle de su nombre, como si fuera un adorno de un pasado burgués, lo admita o no, ya no puede orar y pronto ya no podrá amar.”

Aquí hay una expresión más simple sobre eso. Hay un pequeño y encantador cuento africano que destaca la interconexión de todo e ilustra cómo, si separamos una cosa de sus hermanas, pronto pagamos un precio. El cuento va de esta manera:

Érase una vez, cuando los animales todavía hablaban, los ratones en una granja llamaron a una junta cumbre a todos los demás animales. Estaban preocupados, se lamentaron, porque habían visto a la dueña de la casa comprar una trampa para ratones. Ahora estaban en peligro. Mas los otros animales se burlaron de su ansiedad. La vaca dijo que no tenía nada de qué preocuparse. Un diminuto artefacto no podía hacerle daño. Ella podría aplastarlo con su pie. El cerdo reaccionó de manera similar. ¿Por qué tenía que preocuparse ante una pequeña trampa? El pollo también anunció que no tenía miedo de este aparato. "Es su preocupación. ¡No se preocupen por mí!” Les dijo a los ratones.

Sin embargo, todas las cosas están interconectadas y eso pronto se hizo evidente. La dama colocó la trampa para ratones y, la primera noche, la oyó sonar. Se salió de su cama para ver lo que había atrapado y ella vio que había atrapado a una serpiente por la cola. Al tratar de liberar a la serpiente, ella fue mordida y el veneno pronto la hizo sentirse enferma y con fiebre. Fue al médico que le dio medicamentos para combatir el veneno y le aconsejó: “Lo que necesita ahora para mejorar es caldo de pollo” (Pueden adivinar a dónde lleva el resto). Mataron el pollo, pero la fiebre persistió. Familiares y vecinos la vinieron a visitar. Se necesitaba más comida. Mataron al cerdo. Finalmente, el veneno la mató. Se produjo un gran funeral. Se necesitaba mucha comida. Se mató a la vaca.

La moraleja de la historia es clara. Todo está interconectado y nuestro fallo en verlo nos deja en peligro. La ceguera a nuestra interdependencia, deliberada o no, es peligrosa. Estamos inextricablemente vinculados entre sí y con todo en el mundo. Podemos protestar lo contrario, sin embargo, la realidad se mantendrá firme. Y por lo tanto, realmente no podemos valorar una cosa mientras despreciamos otra cosa. Realmente no podemos amar a una persona mientras odiamos a otra persona. Y no podemos darnos una exención en un área moral y esperar ser moralmente sanos en general. Todo es de una sola pieza. No hay excepciones. Cuando ignoramos esa verdad, finalmente seremos mordidos por la serpiente.

Enfatizo esto porque hoy, prácticamente en todas partes, se está estableciendo un tribalismo peligroso. En todas partes, no muy diferentes a los animales en ese cuento africano, vemos familias, comunidades, iglesias y países enteros enfocados más o menos exclusivamente en sus propias necesidades sin preocuparse por otras familias, comunidades, iglesias y países. Creemos que los problemas de otras personas no son nuestra preocupación. Desde la estrechez en nuestras iglesias, a la política de identidad, a naciones enteras que establecen sus propias necesidades primero, escuchamos los ecos de la vaca, el cerdo y el pollo que dicen: “¡No es mi preocupación! Yo me cuidaré a mí mismo. ¡Ustedes cuídense ustedes mismos!” Esto se revertirá como mordedura de serpiente.

Eventualmente, pagaremos el precio por nuestra ceguera y falta de preocupación y pagaremos ese precio política, social y económicamente. Aunque incluso vamos a pagar un precio más alto personalmente. Lo que hará esa mordedura de serpiente queda captado en la advertencia de Von Balthasar: el que ignora o denigra la belleza, afirma, eventualmente, no podrá orar ni amar. Eso también es cierto en todos los casos en que ignoramos nuestra interconexión con los demás. Al ignorar las necesidades de los demás, eventualmente corrompemos nuestra propia integridad hasta que ya no podamos tratarnos con respeto y empatía y, cuando eso sucede, perdemos el respeto y la empatía por la vida misma, y por Dios, porque siempre que la realidad no es respetada, ésta muerde con una misteriosa venganza.

Ron Rolheiser. OMI

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