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Al Punto

Morir para…

Al Punto

La premisa básica de la vida cristiana es muy sencilla: morir para dar fruto. Jesús la enunció con una precisa analogía agrícola: “si el grano de trigo no muere queda infecundo, pero si muere, da mucho fruto”. Una experiencia de siglos corrobora la verdad de este principio. Sin renuncia, sin mortificación, sin aguante, sin aceptación, sin lucha, sin sacrificio, sin abnegación, sin fracaso, sin desprendimiento… no hay fruto. 

Jesús pronunció aquella premisa casi en vísperas de su propia pasión y muerte, para subrayar que Él mismo asumía esa lógica y le daba su más alto significado. El acento no habría que ponerlo en la fatalidad de la muerte sino en la fecundidad de su destino.

Nadie quiere una vida estéril. Hasta el más descolorido ser humano, por un elemental sentido de realización, quiere que su existencia “sirva para algo”. Jesús nos ayuda a comprender que esa “utilidad” no es pragmática; que el “dar mucho fruto” no tiene que ver con métricas externas sino con la renuncia, en muchos casos, a toda forma de cuantificación.

En la jerarquía de los santos, san José ocupa uno de los puestos más altos. Lo curioso de su vida fue que externamente no “produjo” nada, fuera de unos muebles y piezas de madera. De este santo no tenemos ningún libro que haya escrito, ni un discurso, ni un diálogo, ni una frase; vaya, ¡ni una palabra! Fue el santo del silencio. Pero la muerte a sus propios planes y decisiones para obedecer el plan de Dios hizo de él uno de los santos más fecundos e importantes de la Iglesia.

También nosotros podemos morir a nuestros planes para acoger los de Dios, morir a nuestra sensualidad para dominarnos, morir a la envidia para estar alegres, morir al rencor y la sed de venganza para alcanzar la paz, morir a la ambición para gozar lo que tenemos, morir a la vanidad para brillar con sencillez, morir a la avaricia para disfrutar la generosidad, etc. 

Morir para dar fruto es una ley tan inequívoca como la de la gravitación universal. Más nos vale aceptarla y entrar en su lógica, si queremos que nuestra vida termine por valer la pena.

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