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Libros que suenan

Nadie verá la destrucción

Libros que suenan

"Darle la cara a esa guerra que nos sucede a todos por dentro y por fuera".

Hay que contar lo que vivimos, pero hay que saber contarlo. En una entrevista que le hicieron a la escritora Vivian Gornick nos habla sobre las vivencias: son material crudo que necesita ser moldeado para conseguir la metáfora, gancharse a lo literario.  

Combinar aquello que se vive con la narrativa ficcional es un ejercicio muy común en la creación literaria. Mas no es sencillo lograr una buena y efectiva combinación, he ahí la profundidad del cuento, especialmente cuando es breve.  

Nadie verá la destrucción (UANL, 2020) es un libro de cuentos armonizados en temáticas del entorno cotidiano de sus personajes: esa ciudad que se derriba.  Su autora, Alisma de León, experimenta en cada relato ese campo desolado que deja la violencia, la enfermedad, el abandono, el destierro, y, sobre todo, deja a los personajes en el vacío, la incertidumbre del futuro en un campo de guerra no declarada. 

 De León le toma el pulso a una ciudad fronteriza como Reynosa, pero bien encaja en Matamoros, o Nuevo Laredo, o Cd. Juárez o Piedras Negras o Tijuana. Esa ciudad bien pudiera estar en Tamaulipas, Michoacán o Guerrero... Una contienda larga y dolorosa que da para no cerrar los ojos en la literatura.

 Lo cierto es que no existe una ficción volátil, es más bien de toda permanencia, con una mirada que estafa al final feliz.  

En el relato Laberintos de rosas blancas es el cuerpo lastimado el que detona una trinchera para vivir, para resguardarse entre fístulas y diálisis. El personaje desea salir de un largo espasmo de ilusión y volverse a internar a la realidad, a la lucha. 

 En La ciudad que se rompe, en medio de las balaceras y su peligro habitual, se ahonda: "Porque la vida ya no solo consiste en tratar de engañar al tiempo, al cansancio y al desánimo; ahora también hay que engañar a la razón para poder seguir sin detenernos, sin pensar y sin sentir".  

La autora nos muestra que las y los protagonistas resisten silenciosamente al desamparo. La maternidad, la migración, la soledad que deja la muerte inesperada, esos espacios emocionales tomados a la fuerza por la violencia en las calles son algunos temas que en el libro encuban las sensaciones.  

En todos los relatos sobreviene una línea discursiva a veces tenue, otras muy evidente: la escapatoria.  

¿Huir o no huir? Irse. Correr lejos. Alejarse. La disyuntiva que Alisma de León al final resuelve con arrojo descriptivo e intuición, es esa percepción del peligro que sabemos leer bien porque la reconocemos en nuestro entorno. No se verá la destrucción porque la sentimos. 

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