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Siete Puntos

Ni reyes ni magos

Siete Puntos

Ni reyes ni magos

1. Hoy celebramos a los Reyes Magos, tradicional fiesta mexicana marcada por la paradoja. Y sí. El humorismo mexicano la ha colocado como el final del maratón que inicia el 12 de diciembre, día de la Virgen de Guadalupe. Pero no se trata de una exigente justa deportiva de 42 kilómetros que se deben recorrer en un determinado tiempo sino, por el contrario, del periodo en que no se trabaja, sobre todo en la burocracia, para disfrutar los festejos propios del finalizar el año. Para malestar de muchos, hoy se reinician sus actividades laborales.

2. Para muchos niños –y otros que no lo son ya–, en especial del centro del país, es el día esperado durante todo un año para recibir regalos. De hecho, tal expectativa supera con mucho a la Navidad que, entre nosotros, todavía se debate entre Santa Claus o el Niño Dios como el sujeto regalador. La controversia se ve aderezada por argumentos religiosos que luchan contra la comercialización atea del regordete barbón venido desde las regiones árticas. En CDMX, entonces, muchos niños están de plácemes, disfrutando hoy sus obsequios.

3. Pero la fiesta tiene, en sus orígenes, un significado religioso. Un solo texto bíblico los menciona, Mateo 2,1-12, y se refiere a ellos como sabios, no reyes ni tampoco magos. El pasaje bíblico no habla de tres personajes –aunque lo supone pues fueron también tres los presentes obsequiados al recién nacido– ni menciona que sus nombres fuesen Melchor, Gaspar y Baltazar, ni especifica el que uno haya sido negro, ni que vinieran montados en un dromedario, un caballo y un elefante. Todos estos datos se añadieron siglos después.

4. ¿Qué eran, entonces, si en realidad fueron? Exegetas bíblicos sostienen que el relato no deja de tener cierta verosimilitud histórica, y lo mismo hablan de comerciantes nómadas con avanzado conocimiento astronómico –de ahí su tratamiento de sabios– y que 

guiaban sus travesías observando las estrellas. Científicos como Johannes Kepler, en 1614, afirmaron que por esas fechas se dieron fenómenos celestes que validarían la creencia popular. Sin embargo, el evento tiene, como todos en la Biblia, un interesante significado teológico.

5. Se trata del universalismo con el que se presenta la salvación, ofrecida por ese pequeño niño, y que se convierte en un llamado para quienes vivimos sólo preocupados por el primer círculo de afectos, el yo, o si acaso el segundo, la familia. Al crecer, Jesús enseñará que ni siquiera su familia estará entre sus prioridades –es curioso, pero con ella no realizó milagro alguno–, sino los demás, ese tercer círculo formado por los que no tenían importancia en su época: los niños, las mujeres, los enfermos, los pecadores, por quienes llegó a dar la propia vida.

6. Pero tengo un colega que insiste: los reyes magos no sólo existieron en el pasado, sino también en el presente. Son los actuales políticos que se creen reyes, pues tienen su séquito de aduladores, piensan que todo mundo debe obedecerles y utilizan sus fuerzas armadas para golpear a los opositores. También se ven a sí mismos como magos, pues suponen que con sólo agitar su varita lograrán acabar con los males que nos aquejen desde décadas, como la pobreza, la corrupción, la violencia. Convendría que recordaran: ni son reyes ni son magos.

7. Cierre ciclónico. Cuentan que un filósofo español, al que le querían erigir en su universidad una estatua, se negó diciendo: es mejor que la gente pregunte ¿por qué no le han hecho una estatua?, a que se interrogue ¿por qué le hicieron una estatua? Yo siempre he creído que no deben construirse tales homenajes en vida. Si una vez muerto el beneficiario, corre el peligro la obra de ser afectada, cuanto más si vive y se ha ganado no poca animadversión. En especial el gobernante tiene que ser iconoclasta.

papacomeister@gmail.com

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