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Libros que suenan

Ninguna eternidad como la mía

Libros que suenan

"Plural ha sido la celeste historia de mi corazón", Rubén Darío.

Era principios del siglo XX. En el puerto arreció el peor de los ciclones y esa misma noche de tormenta una familia asturiana recibe, luego de cuatro varones, a su única hija, Isabel Arango. "Intensa y desatada como el olor a café" así crece la niña y comienza el relato Ninguna eternidad como la mía (Ed. Cal y Arena) que la escritora mexicana Ángeles Mastretta publicó en 2005 y que a la fecha lleva más de quince reimpresiones.

Uno de los aspectos en la narrativa que siempre me han llamado la atención es la virtud del gancho en sus primeras páginas, más bien en los primeros párrafos. Digo que es una virtud porque más allá de requerir una fórmula, se requiere de una intuición para narrar, se necesita mucha certeza y conocimiento de la historia que está por comenzar.

Mastretta es instintiva. Su obra literaria está tejida de ese espíritu para vincular lectores. Ninguna eternidad como la mía es el escenario ideal para desplegar a los personajes en el ambiente de la sociedad capitalina de los años veinte.

Los rasgos de la época se definen desde su inicio, en una conjunción de naturaleza con lo urbano. En el horizonte, el Popocatépetl y la Iztaccíhuatl marcan el futuro de Isabel con la ciudad. La autora provee contrastes de paisaje y emociones.

Isabel deja a su familia para ser bailarina profesional en tiempos todavía ardientes de revolución. "La vida valdrá la pena mientras haya en el mundo seres capaces de hacer magia cuando profesan una pasión". Bailar es su motor y también lo es el amor.

Para Margarite Yourcenar bastaba con ser prisioneros del instinto, pero no de una pasión, y aseguraba por lo mismo no haber amado nunca. La historia de Isabel es una de amor con la danza, pero también con un hombre, otra pasión, por quien estuvo a punto de dejarlo todo. 

Mastretta retoma el amor de juventud, el primer amor, la desolación de los encuentros en los que se pierde la ingenuidad, el descubrimiento de las aflicciones del corazón. Sin escudos, ni resistencia alguna, envuelta en un halo de libertad, esa que se percibe cuando se respira el arte, cuando el mismo arte te mueve el cuerpo, la respiración, Isabel se entrega con los efectos de la seducción de un poeta telegrafista y algunos tequilas.

¿Las historias de amor de antes cuentan lo mismo de las historias de amor de ahora? Aquí encontramos el hechizo de la literatura. La eternidad como la de Isabel es una danza con la soledad y el sueño de vida, "el juego de sus manos rompía la noche en dos y una luz le iluminaba el gesto haciéndola parecer un sortilegio".  

Mastretta habla del desapego, de las amistades que se convierten en la familia más cercana y entrañable y de la importancia que tiene para una mujer anclarse a sus metas.

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