Ramón de la Peña ManriqueMonterrey
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El lema de los juegos olímpicos que implica por un lado ser el más rápido, brincar lo más alto, y ser el más fuerte y por el otro lado el lema del fundador de los juegos olímpicos, el francés Pierre de Cubertain: 

"Lo importante no es ganar sino competir" que algunas personas lo han modificado para decir: "Lo importante no es llegar primero, sino saber llegar".

Este lema y su filosofía han perdido vigencia. Han sido modificados con el paso del tiempo, para ahora decir: "lo importante es ganar´´, ´´el mundo pertenece a los vencedores´´, ´´fuera los débiles´´, ´´ganar no lo es todo, es lo único´´, ´´el fin justifica los medios". Claro que para mí lo importante es ganar, si estoy en una competencia deportiva o si estoy en una empresa compitiendo con otras empresas del país o del extranjero, imagine usted que el director general de una empresa le diga a su consejo: "Perdimos $35 millones de pesos en una muy mala campaña de ventas. 

La competencia nos ganó el mercado; en la negociación perdimos la cuenta de las 10 empresas más importantes de Monterrey. Pero, bueno, como decía Pierre de Cubertain, lo importante no es ganar, sino competir". 

¿Qué cree que le dirían los consejeros a este director? Repito, para mí lo importante es competir para ganar, pero no a como dé lugar, ya que a la larga de nada sirve ganar si no hubo trabajo, dedicación, honestidad  y esfuerzo previo. A las organizaciones y personas que cometen actos ilegales o inmorales tarde que temprano les va mal. 

Yo siempre he creído que eso se paga en esta vida o en la otra. Cada vez más deportistas, mas profesionistas, más empresarios, más países y regiones tratan de tener y de consolidar sus ventajas competitivas por sobre las de sus oponentes, de tal manera  que el resultado de la "contienda" sea el triunfo. 

Y ese deseo de ganar hace a muchos deportistas  ingerir sustancias prohibidas por las autoridades deportivas y de salud, que les dan una clara ventaja competitiva sobre sus oponentes, pero eso va claramente en contra de la honestidad personal y profesional. No es correcto tratar de ganar de esa manera. Tampoco es correcto tener utilidades extraordinarias en mi empresa defraudando al fisco, o vendiendo más caro de lo que puedo o debo hacer, o alterando estados financieros para presentar muy buenas utilidades al consejo de mi empresa para recibir una compensación importante, utilidades que en última instancia son ficticias 

Tampoco es correcto tratar de ganarle a un candidato de otro partido político haciendo alianza con otros partidos cuya filosofía, esencia y modo de actuar es diferente u opuesto al mío. Tampoco es correcto copiarle al listo del salón para obtener una buena calificación para "pasar" el curso. 

En mi tiempo de profesor, yo le pedía a mis alumnos que no lo hicieran. ´´No vale la pena –les decía–, pues aunque tengan una nota aprobatoria, esa nota no tiene sustento, y cuando estén trabajando la gente se dará cuenta que de los temas de curso que sacaron una calificación aprobatoria saben muy poco. ¿Y cuánto creen que les van a pagar por ese conocimiento?´´. Efectivamente, estimado lector, les decía: ´´muy poco´´.  

Es importante también que aprendamos a ganar y a perder. Es frecuente en los perdedores el uso de la estrategia de Adán: yo no fui, fue el árbitro; fue la falta de equidad en las condiciones del concurso; yo nunca tuve el apoyo del gobierno. O la actitud del ganador que se "pavonea" por haber sido el mejor.  

Yo recomendaría, como un estilo de vida, tratar de ganar siguiendo las normas de las personas que hicieron grande a nuestro país, a nuestro Nuevo León o a nuestro Monterrey. 

Que no fueron perfectos pero sí muy congruentes entre su decir y su hacer.  Pero finalmente, estimado lector, cada uno de nosotros debe decidir bajo qué estilo competir: realizando actos ilegales o realizando actos inmorales, pero perfectamente legales, o realizando actos perfectamente legales y apegados a los preceptos morales de su comunidad o de su iglesia.

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