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Inteligencia Financiera Global

No, no habrá fin a la impresión monetaria de la Fed

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No, no habrá fin a la impresión monetaria de la Fed

El viernes pasado en su exposición durante el simposio de Jackson Hole, el presidente de la Reserva Federal (Fed) estadounidense dejó entrever que este año podemos esperar el inicio del “tapering”; es decir, del retiro de estímulos adicionales de inyección monetaria a la economía estadounidense (y mundial).

Aunque no habló de plazos precisos, es muy probable que en la próxima reunión del Comité de Mercado Abierto de la Fed en septiembre, tengamos el anuncio de las fechas y montos que podrían dejar de inyectarse mes con mes.

Recordemos que estos estímulos monetarios fueron lanzados en julio de 2020 para contrarrestar el desplome económico que propició el cierre forzoso decretado por casi todos los gobiernos del planeta. En el caso de la Fed significaron compras mensuales por un total de $120,000 millones de dólares (mdd): $80,000 mdd en bonos de Tesoro y $40,000 mdd en activos respaldados por hipotecas.

La Fed, al comprar estos activos, lanza una oleada de dólares líquidos con la intención de que sus nuevos tenedores los gasten, presten o inviertan financiera y productivamente.

Esa liquidez es responsable de la “inflación” (subida de precios) que hemos visto en activos de riesgo de todo tipo, desde acciones bursátiles hasta materias primas y criptomonedas.

Por supuesto, la lógica aparente es que al comenzar a retirar esos estímulos tendremos el efecto contrario: caídas o hasta desplomes graves en dichos activos.

Sin embargo, debemos tener cuidado de no caer en simplismos. El propio Powell reconoce esto al subrayar que incluso cuando la Fed reduzca sus compras de activos mantendrá todavía una gran cantidad de estímulo a la economía. Es decir, no es igual dejar de “imprimir” dinero extraordinario que comenzar a contraer la cantidad de circulante.

Por si esto fuera poco, Powell reiteró que no tienen ninguna prisa por subir las tasas de interés de referencia desde su rango objetivo actual de 0.0% a 0.25%, y que no reaccionarán a presiones inflacionarias “temporales”.

En este espacio hemos explicado en entregas anteriores que a causa de las miles de empresas que ya no están ahí para reabrir y ofrecer los bienes y servicios que brindaban antes de la pandemia, la demanda provocada por el regreso a las actividades y los estímulos monetarios y fiscales (gasto gubernamental) seguirá presionando los precios al alza.

Esto quiere decir que las tasas de interés reales, es decir, aquellas que se obtienen restando la tasa de inflación de los rendimientos nominales de los bonos, seguirán manteniéndose en niveles negativos. Por eso, invertir en renta variable es una apuesta segura para perder.

En Estados Unidos el índice de precios al consumidor reportó una inflación a julio pasado de 5.4%, con lo que el rendimiento negativo de la tasa de fondos federales a ese mes fue de -4.1%, y del referencial bono a 10 años de -2.9 por ciento.

Lo que ello significa es que incluso con el comienzo del retiro paulatino de estímulos adicionales por $120,000 mdd, la Fed seguirá inyectando decenas de miles de millones de dólares, sin olvidar que desde julio de 2020 –cuando iniciaron estos estímulos– a la fecha, la Fed ha arrojado ya casi $1.7 billones de dólares que no serán retirados todavía.

Los más optimistas estiman que el alza de tasas y su consecuente retiro de liquidez comenzaría a finales de 2023, pero incluso entonces lo más probable es que sigamos teniendo tasas reales en niveles negativos.

En suma: más allá de especulaciones y temores sin fundamento, lo cierto es que incluso si llegásemos a tener una corrección fuerte de los mercados en el último cuatrimestre de 2021, lo cierto es que más pronto que tarde habremos de tener un rebote que nos siga llevando a nuevos máximos históricos.

Ojalá que tengamos esa oportunidad de compra a mejores precios, pero en caso de que no se presente esa corrección (caída) en los mercados, debemos seguir acumulando activos que se seguirán apreciando por la inflación monetaria permanente de los bancos centrales. 

No sobra reiterar que entre esos activos destacan marcadamente los bienes raíces, obras de arte, oro y plata físicos, materias primas y criptomonedas. Por eso, en épocas de inflación como la que estamos viviendo, hay que seguir abandonando el barco del dinero “fíat” y buscar verdaderos refugios de valor para nuestro capital. Es una cuestión de sentido común y de supervivencia financiera.

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