OpenA
Siete Puntos

¿Normal?

Siete Puntos

¿Normal?

1. La psicología reciente prefiere evitar la palabra normal para definir a personas que podemos considerar sanas, maduras, responsables y con un adecuado contacto con la realidad. Los factores culturales que rodean a esos conceptos son tan cambiantes, muchas veces tan subjetivos, que con dificultad pueden consolidar una norma. ¿Es responsable, sana, y por lo tanto normal, una persona que trabaja más de ocho horas al día por la presión de no perder el empleo, y para no afectar a su familia con un posible despido?

2. Sin embargo, y pese a lo indicado por la ciencia, seguimos adjudicando ese calificativo a quienes se ajustan a las usanzas que nuestra cultura va asignando para comportamientos aceptados o no. Hace años no era normal, y bien visto, que las jovencitas bebieran alcohol en sus reuniones; ahora sí, se comprende aunque se alertan sus riesgos. Durante siglos se valoró a la virginidad antes del matrimonio como algo positivo; ahora es normal para muchos, y ya no tan mal visto, el que los novios –ellos y ellas– lleguen con experiencias sexuales previas a su boda. 

3. Por lo mismo, la normalización de ciertas conductas ya no depende, en primer lugar, de valores clásicos como honestidad, justicia, respeto, etc. La costumbre se vuelve norma. Gobernó el PRI y era normal tener que dar moches para lograr el avance de un trámite; llegó el PAN y la norma se mantuvo. No ha cambiado con Morena en el poder. ¿Es normal, entonces, sobornar a un funcionario –él mismo lo sugiere– y así conseguir un permiso de construcción, la autorización para abrir una empresa o la devolución legal de impuestos?

4. Recientemente, el arzobispo de Monterrey tuvo encuentros por separado con políticos y empresarios. Se trataba de escuchar sus opiniones sobre el impacto de la Iglesia católica en Nuevo León, y sus sugerencias para mejorarlo. Al acabar el diálogo un político preguntó: "¿y usted que nos sugiere?", "no roben", contestó el prelado. Por su parte, un empresario planteó la misma interrogante, que obtuvo por respuesta: "paguen sus impuestos". "¿Pero cómo, obispo, si no es normal ser honesto y cumplirle a la Secretaría de Hacienda?", replicaron.

5. Lo normal, entonces, es que el político aproveche su puesto para hacer negocio y enriquecerse, así sea de manera ilegal. "Un político pobre es un pobre político", dijo Carlos Hank González, y a la clase política no se le da el ser pobre. Lo mismo dígase con muchos empresarios. Un picudo hombre de negocios, hábil, inteligente y exitoso, es aquel que logra escabullirse de Hacienda, pagando impuestos lo menos posible. La normalidad de la corrupción y la irresponsabilidad social está muy bien instalada en esos mundos.

6. Pues no. No es normal, no debe serlo, el que tales vicios se alojen de manera definitiva en nuestro tejido social, y que a fuerza de ser repetidos los consideremos como algo esencial a nuestras vidas. Los políticos dirán que no ganan lo justo, y los empresarios que sus impuestos son malgastados. Quizá. Pero normalizar protocolos que infringen la ley no abona a la construcción del Estado de Derecho tan necesaria en nuestro país. No. Nunca será normal robar, mentir, engañar, defraudar, apoderarse de lo ajeno, agraviar.

7. Cierre ciclónico. Y tampoco puede ser normal que en varios estados de nuestro país haya retenes en las carreteras y caminos vecinales, ocupados por integrantes del crimen organizado, armados como quien va a una guerra, y que deciden de manera discrecional quien tiene acceso y quien no. No es normal que ellos sean las aduanas, con el poder de aceptar o vetar. No debe ser normal que la delincuencia se erija en la garante de nuestras libertades. Lo normal debería ser todo lo contrario, y no parece que lo estemos construyendo.

papacomeister@gmail.com

×