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Al Punto

Nuestra mejor versión

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Nuestra mejor versión

En 2007, el célebre autor australiano Matthew Kelly publicó un insólito libro de cultura organizacional: The Dream Manager (El gerente de sueños). Para que una empresa u organización alcance su mejor versión –asegura Kelly–, sus miembros o afiliados han de buscar la mejor versión de sí mismos; lo cual requiere sueños y aspiraciones, y un buen líder que los incentive.

La empresa ficticia del libro se dedicaba a asear baños públicos; sus empleados, sin eufemismos, eran lavadores de excusados: gente ruda, poco educada y bastante frustrada. Su realidad apenas daba para otra cosa. ¿Cómo sacar de ellos su mejor versión? Alguien tenía que descubrir e incentivar sus sueños, que sí tenían. Unos soñaban con enviar a sus hijos a la universidad; otros, con adquirir una silla de ruedas para su madre o abuela; y casi todos, con dejar la empresa y conseguir un empleo más digno. El gerente de sueños se encargaría de ayudarles a hacerlo realidad. Y no sólo lo consiguió, sino que redujo también la rotación de personal. El promedio de trabajo en la empresa pasó de tres meses a tres años: mientras cada uno alcanzaba su sueño.

También Jesús sueña con nuestra mejor versión. Sabe muy bien que nuestro peor obstáculo es soñar poco y bajo. Por eso, para incentivarnos, pone una pregunta clave en su Evangelio: “¿Quién dicen ustedes que soy yo?”. La pregunta es cristológica, en primera instancia; pero también, antropológica. Es una “pregunta-espejo”. Al interrogarnos por su identidad, Jesús quiere que nos interroguemos por la nuestra en su mejor versión. Porque en Jesús descubrimos nuestra mejor versión posible. Como escribió el papa san Juan Pablo II, “Cristo revela plenamente el hombre al propio hombre” (Redemptor hominis, n. 10). 

Los sueños son poderosas motivaciones: no se ven, pero nos mueven; porque nos ilusionan, alientan y confortan en el diario vivir. Los limpiadores de excusados hallaron en sus sueños una ilusión y un sentido para su labor, de tan bajo perfil; por ellos trabajaron con más esfuerzo y dedicación, y lograron una mejor versión de sí mismos. 

Nuestra mejor versión como cristianos consiste en identificarnos cada vez más con Cristo: con su amor, humildad, bondad, paciencia y capacidad de entrega a los demás. ¿Sueño irrealizable? Seguramente. Pero el propio Jesús nos dio una pista para empezar a hacerlo realidad: “Si alguno quiere venir en pos de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz, y me siga”. Cada vez que tomamos con realismo y generosidad nuestra cruz de cada día, damos un paso en nuestra identificación con Cristo.

La cruz puede parecernos una opción negativa, de renuncia, dolor, sacrificio y privación. Sin embargo, bien considerada, la cruz significa negarnos a una versión más baja de la que podemos alcanzar y decidirnos a imitar aquellos rasgos de Jesús que más necesitamos. Él es la plenitud del ser humano, y el más pequeño rasgo que imitemos de su personalidad es un paso destacado 

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