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¿Nuestro país está al revés?

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Hace tiempo recibí un excelente regalo de un miembro de la misión del Banco Mundial que vino a México a formalizar un programa de apoyo al Consejo Nacional de Educación para la Vida y el Trabajo. El regalo fue un libro de Eduardo Galeano titulado: “Patas arriba; la escuela del mundo al revés”. Eduardo hace un excelente diagnóstico de nuestro mundo haciendo uso del sarcasmo, la verdad y la broma.

Su mundo al revés lo inicia con una declaración que Al Capone le hizo al periodista Cornelius Vanderbilt y que fue publicada en la revista Liberty, el 17 de octubre de 1931, unos días antes de su captura. Al Capone dijo: “Hoy en día, la gente no respeta nada. Antes, poníamos en un pedestal a la virtud, el honor, la verdad y la ley... La corrupción campea en la vida americana de nuestros días. Donde no se obedece otra ley, la corrupción es la única ley. La corrupción está minando este país. La virtud, el honor y la ley se han esfumado de nuestras vidas”. 

Este comentario de Al Capone es un excelente ejemplo del mundo al revés, ¿De nuestro México, al revés?

Pero como nos describe Eduardo este mundo al revés, lo hace diciéndonos: Este mundo al revés “desprecia la honestidad, castiga el trabajo, recompensa la falta de escrúpulos y alimenta el canibalismo... El mundo al revés nos enseña a padecer la realidad en vez de cambiarla, a olvidar el pasado en lugar de escucharlo y a aceptar el futuro en lugar de imaginarlo... ¿Estará pasando esto en nuestro país?, ¿Cómo la ve, estimado lector?

Eduardo lo destaca también con cinco factores críticos: Lleno de injusticia, miedo, de vicios inútiles, de impunidad y de soledad. Por injusticia se nos dice que: “Este mundo al revés ofrece el banquete a pocos y cierra la puerta en las narices de tantos, al mismo tiempo igualador y desigual: igualador en las ideas y desigual en las oportunidades que brinda”. Pero también nos dice que este mundo al revés “es el tiempo del miedo: de la mujer a la violencia del hombre, del hombre a la mujer sin miedo, a los ladrones, a la Policía, a la puerta sin cerradura, al tiempo sin relojes, al niño sin televisión, a la multitud, a la soledad, a lo que fue, a lo que puede ser, miedo de morir, miedo de vivir”.

Para la impunidad nos presenta el siguiente caso: “A mediados del 98, se desató una ventolera de indignación popular contra la dictadura del general Suharto, en Indonesia. Entonces, el Fondo Monetario Internacional le agradeció los servicios prestados, y el general se jubiló... con los ahorros acumulados en más de 30 años de trabajo: $16,000 millones de dólares, según la revista Forbes (28/7/97) (...) Un par de meses después su sucesor, el presidente Habibie, exhortó al ayuno... si el pueblo indonesio no comía dos veces por semana se podría superar la crisis económica".

Pero me pregunté: ¿Nos gusta este mundo, este México al revés?, pero mi asesora me dijo: “No hay escuela que no encuentre su contra escuela”. En el mismo libro nos da Eduardo un mensaje de esperanza: “¿Que tal si empezamos a ejercer el jamás proclamado derecho de soñar?”, y nos comenta su sueño: “El aire estará limpio de todo veneno que no venga de los miedos humanos y de las humanas pasiones; el televisor dejará de ser el miembro más importante de la familia y será tratado como la plancha o el lavarropas; la gente trabajará para vivir, en lugar de vivir para trabajar; los políticos no creerán que a los pobres les encanta comer promesas; los economistas no llamarán nivel de vida al nivel de consumo, ni llamarán calidad de vida a la cantidad de cosas; la Iglesia también dictará otro mandamiento que se le había olvidado a Dios: amarás a la naturaleza de la que formas parte”.

Pero, como siempre le he dicho, no debemos olvidar que los sueños en sueños se quedan si no somos capaces de aterrizarlos en acciones concretas. Debemos de hacer y participar para tener el México que nos gustaría heredar a nuestros hijos y nietos.