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Crónicas de un comelón

Pasa las pasas

Crónicas de un comelón

Pasa las pasas

El nuevo enemigo público número uno.

Los de mi generación recordarán, no a Steve de las pistas de blue, ese vino después, pero un comercial del pan del osito en el que dos señores de avanzada edad (quizás ni eran tan grandes, pero uno de niño los veía así) discutían sobre cuál panqué querían comer. 

La idea central del comercial era alrededor del juego de palabras entre “pasar” y “pasas”. También de niño, recuerdo cuando llegó la televisión por cable a mi ciudad. En aquellos tiempos eran todos canales del vecino del norte, y no las versiones latinoamericanas que llegaron después. 

Entre la programación de estos canales, existía una serie animada en la que los personajes principales eran los integrantes de una banda musical compuesta por pasas de California. También tenían comerciales, y eran divertidísimos.

Si todavía sigue aquí, seguramente se está preguntando a qué viene este paseo por los recuerdos de la infancia. El origen, queridos lectores, es que me llama la atención cómo últimamente me he encontrado con que las pasas se han convertido en enemigo público número uno. 

Nadie parece haberles atribuido características malignas como ya lo hicimos con el gluten, la leche, la mantequilla y hasta ¡el tocino! Simplemente he visto lo que pareciera ser un odio generalizado hacia las pasas. Tan pronto alguien menciona algo como el arroz con leche y no falta la avalancha de comentarios diciendo que odian las pasas. 

¿En realidad son tan malas las pasas? Yo no lo creo. Es más, me atrevería a decir que son una importante parte de la cocina. Las encontramos en postres tradicionales como la capirotada, o el ya mencionado arroz con leche, en pasteles como el de zanahoria o en los bread puddings, en panes dulces como los sticky buns. 

También forman parte de comidas más ‘saludables’ como las granolas, y claro, en las galletas de avena. En cuanto a usos quizás menos cotidianos, recuerdo que Alfredo Villanueva en clases de cocina norestense hacía un arroz con canela y pasas, salado, destacando la influencia del mediterráneo en nuestra cocina. 

Y hablando de aquellas regiones… en algunos países vinícolas también se utilizan las uvas ligeramente secadas al sol para la elaboración de vinos. Los vinos de paille de la Jura francesa, los passito italianos, e incluso vinos secos como los Amarone de Valpolicella son algunos ejemplos. 

En Puebla, en una cantina que comparte el nombre con nuestro polémico ingrediente, han creado gran fama vendiendo un licor a base de las mismas. Cuenta la leyenda que antes, se vendía por cuadras. Es decir, la cantidad de cuadras que el comensal aguantaría antes de sucumbir a los efectos del licor. 

Ahí les encargo que me pasen sus opiniones. ¿Les gustan o no? Si sí, ¿en qué forma? Los leeré mientras me como unas pasitas con chocolate. 

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