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Ruta de Colisión

Perder...

Ruta de Colisión

Ganando. Nunca mejor dicha esta frase, que se aplica a todo este año oscuro que acaba de cerrar, en el que por el cansancio, el hastío, lo inesperado y lo inevitable, ganamos  paciencia, solidaridad, empatía, amor renovado y una mejor condición física. Y claro, perdimos tiempo, trabajos, ingresos, experiencias, apegos, abrazos, encuentros y algunos amigos.

Fue desesperante saber que se perdió tiempo, que se pasaron muchas cosas importantes que no regresarán. Pero lo más terrible es que pasamos todo un año sin ver –o ver muy poco– a los nietos; para mí esta fue mayor pérdida, pues el amor se alimenta de presencia y atención. Aunque las mejores lecciones de la vida están en el desamparo, la soledad y la escasez, el dolor más grande y el placer más maravilloso pasan, son temporales.

La importancia que cobró el estar confinados en casa, en un espacio propio y separado, una oficina donde fue posible trabajar aislado del trajín doméstico. Y una buena habitación también pues vamos a seguir pasando muchas horas ahí. La casa no tiene que ser grande, pero sí debe tener espacios que propicien la variedad y la sorpresa, que permitan cercanías y lejanías, en los que pudimos tomar unas cervezas con los hijos una vez por semana, en la mesa exterior del jardín y con las precauciones del caso, algo que no hacíamos antes. Esos fueron momentos de intimidad y confianza, en donde convivir juntos fue más importante que la cerveza misma, dejando las cosas fluir por sí mismas. Adoptar la rutina de hacer ejercicio cinco o seis veces a la semana, en el parque, saludando de lejos a los nuevos amigos que te regalan sonrisas estimulantes. Y sí, es la hora de hacer balances al recoger despojos del naufragio, y restando un año a la edad, pues este año no existió. Aunque también se desarrollaron y consolidaron nuevas formas productivas de trabajo, más eficientes y efectivas. No todo fue malo, hay también mucho que agradecer, aunque no te puedes encariñar de nada, pues hasta lo que le dio principio, desaparecerá.

Cuando sientes, y sabes que todavía tienes mucho que dar pero a nadie le importa, es cuando llega el momento de reinventarse, con los pensamientos perdidos que son una manifestación del tiempo que se hace disponible al no haberlo usado en recordar, sino en construir conscientemente, y basado en experiencias del pasado, con los ojos en lo diferente, en lo especial, en lo que permanece oculto. Hay tantas mentiras que ya no le creemos a nadie, todo está en duda, hasta lo que si puede ser cierto. Y cuando en un relámpago llega una idea importante, debes suspender de inmediato lo que estás haciendo y tomar notas apresuradas de ella pues puede desaparecer, ya después tendrás el tiempo de pulirla y sintetizarla.

Todos somos un boceto de vida, esperando que alguien venga a pulir las aristas. El tiempo perdido por algunas decisiones pone las cosas en su lugar, y aunque lo perdido no se recupera, aparecen las cosas que quisiéramos que hubiesen sucedido, y lo más probable es que no sucedan. Tranquiliza haber tenido un deseo que no se va a cumplir, pues es riesgoso tratar de revivir una situación que tuvo cierto éxito, puede ya no ser conveniente porque el mundo ya cambió, ya se movió en otro sentido. Ese mundo indiferente que nos da la espalda, y mantiene a cada quien con sus propios problemas.  

Enorme lección de valor y hartazgo nos dieron las mujeres en sus manifestaciones de ayer. Convencido estoy que serán el agente del cambio que hoy le urge a esta sociedad tan dañada.


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