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Cabrito Mayor

Periodista y loco

Cabrito Mayor

Periodista y loco

El pasado viernes tuve el honor de ser distinguido para presidir la Asociación de Periodistas Taurinos de Nuevo León y tras el solemne evento, uno de los asistentes me dijo “usted es periodista y loco” y después me preguntó… “En estos momentos tan álgidos entre las autoridades y el gremio periodístico, más la difícil situación que vive la tauromaquia por el ataque animalista y el violento rechazo de los “antis” hacia la promoción taurina… habrá algo más peligroso que ser periodista taurino..?

Por supuesto! Respondí, cualquier cosa es mucho más peligrosa para la vida que el ejercicio de éste noble oficio pues venimos de períodos de dificultades que nos han marcado para siempre y como ejemplo, sin tirar una bala o un cañonazo, la pandemia y la imprudencia de las autoridades nos ha provocado más daños y afectaciones que la existencia del verdadero combate físico de una guerra en el campo de batalla, pues nos ha dejado una estela de dolor y muerte no solo entre la sociedad civil, sino en la actividad productiva con la muerte de empresas, negocios y comercios y que por ende han desencadenado el fallecimiento de muchas fuentes de empleo, muertes en fin dolorosas porque matan poco a poco con mucho dolor frente a la incertidumbre y zozobra.

Y ahora que se ha anunciado que volveremos a la normalidad sin las condiciones de seguridad idóneas, sin necesidad de irse hasta Ucrania, la sociedad neoleonesa por ejemplo, está siendo víctima en sus propias calles de una inseguridad bárbara provocada muy probablemente por la dificultad del tema que choca con la cuestionable capacidad de los “viejos mandos”  de las nuevas autoridades del “Nuevo Nuevo León”,  que en su papel oficialmente declarado como “neutral”, no ha sabido “neutralizar”  el impacto negativo de sus palabras y mucho menos, ha podido capotear el temporal de la guerra entre las organizaciones del crimen que en la última semana dejó una alarmante cifra de 35 muertos en ejecuciones.

Peligroso para la vida es además por ejemplo, circular alegremente por nuestras vapuleadas calles que ofrecen más allá del término incomodidad, un alto riesgo en la seguridad y la supervivencia  de las personas que transitan día a día burlando sus trayectorias a moderada o alta velocidad frente a los cráteres abiertos en los que se han convertido los abundantes baches, registros destapados y alcantarillas abiertas que pululan en calles y avenidas y dan cuenta con su existencia, del escaso compromiso y cumplimiento cabal de los menesteres básicos contenidos en las obligaciones del servicio público.

Además, de alto riesgo y con severos niveles de peligro de muerte resulta para la comunidad laboral, estudiantil y la sociedad en general, abordar, transitar o descender de una unidad de cualquier ruta del transporte urbano debido muy probablemente a la falta de sensibilidad humana en la formación profesional de los operadores de las unidades y a la falta de supervisión adecuada y quizás hasta falta de voluntad, para mejorar realmente las condiciones en la prestación del indispensable servicio.

Así que, frente al desatino de las autoridades en los deficientes quehaceres de su función, no es estrictamente necesario portar una pluma y gozar del libre pensamiento estimado Lector para estar sujeto a morir de manera abrupta. En nuestra entidad, visto está, simplemente tratar de vivir la vida misma en la normalidad de esta gran metrópoli, nos hace altamente “candidateables” a ocupar un puesto en las famosas listas de “bajas por defunción” y no estar en ellas tal parece, ha sido hasta hoy, cuestión de suerte.

Así pues estimado lector como me dijo amablemente el asistente al evento del viernes, me declaro “Periodista y loco” y a pesar del riesgo que esto implica, tomo al toro por los cuernos y acepto el reto de ponernos frente a los embates animalistas para defender lo que ellos quieren matar al intentar prohibir las corridas de toros, al toro de lidia y a todos los rubros productivos y de bienestar que están en rededor. Y es que, de no ejercer esta acción, estaríamos dejando en niveles de alerta máxima, las libertades de los ciudadanos (entiéndase contribuyentes), los derechos humanos de los adultos y los derechos humanos de nuestros hijos, que están y deben estar siempre, por encima de cualquier supuesto “derecho animal”, pésele a quien le pese.

Y pues, como alguna vez dijo Cantinflas amable lector … ¡Venga, que pa´ morir nacimos!

Por hoy es todo, medite y reflexione lo que le platico, esperando que el de hoy sea un gran día, por favor cuídese y ame a los suyos; me despido honrando la memoria de mi querido hermano Joel Sampayo Climaco con sus palabras: “Tengan la bondad de ser  felices”, nos leemos aquí el próximo lunes Dios mediante.

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