Pintores Taurinos


Siempre han existido gran cantidad de artistas de la pintura que se ocupado de la fiesta brava y que sin duda sienten una gran atracción por esta manifestación cultural; desde luego son muchos los factores que inciden en su sensibilidad y los hacen tomar como motivo de su expresión plástica, la tauromaquia.

En la historia de la pintura taurina sobresalen dos artistas españoles nacidos en el último tercio del siglo XIX, apasionados de la fiesta brava, uno andaluz, natural de Córdoba Julio Romero de Torres donde nació un de 9 noviembre de 1874 y falleció en la misma ciudad un 10 de mayo de 1930 y el otro Ignacio Zuloaga Zabaleta, natural de Éibar, provincia de Guipúzcoa en el país Vasco donde nació en 1870, fallece en Madrid en 1945. Ambos cultivaron el retrato y se destacaron por la aportación a la pintura en general y en tema que me ocupa la aportación pictórica a la tauromaquia.

Dos maestros de la pintura que sobresalieron entre otras características por su gusto indeclinable por la fiesta brava, por su pintura costumbrista y por ser grandes retratistas. Pintores siempre rodeados de intelectuales y de las figuras del toreo de su tiempo, además compartieron su admiración por uno de los grandes toreros de la época, el "Pasmo de Triana" Juan Belmonte.

En un sector céntrico de la ciudad califal, casi frente al río Guadalquivir se encuentra la plaza del Potro y frente a la pequeña escultura del caballo reparando, el museo Julio Romero de Torres en lo que también fue su casa ya que sus padres Rafael Romero Barros y Doña Rosario de Torres Delgado tenían habilitada una vivienda donde nacieron sus ocho hijos.

Su padre también fue pintor y autor de retratos románticos, bodegones y paisajes, fue nombrado director del recién creado Museo de Bellas Artes de Córdoba, recuerdo en mi primer visita a Córdoba, una visita muy rápida de ida y vuelta el mismo día, habíamos salido por la mañana de Sevilla en el recién inaugurado tren AVE allá en octubre de 1992, año de la conmemoración del quinto centenario del encuentro de dos mundos, eufemismo con el que se llamó a tal evento.

Recuerdo que al llegar a la plaza del Potro, un niño jugaba con un balón de fútbol frente a la casa museo Romero de Torres, llegué acompañado del fotógrafo taurino Guillermo Escobar, lamentablemente el lugar estaba cerrado, el niño que jugaba nos avisó y al escuchar nuestro tono de voz nos preguntó con marcado acento andaluz, -¿de dónde sois? -De México le dijo Guillermo y rápidamente contestó: -¡De dónde es Hugo Sánchez! se desatendió de nuestra presencia y siguió jugando con la pelota, nos retiramos a seguir recorriendo la ciudad.

Al paso de los años ya por la primera década del 2000 regresé a Córdoba y visité la casa museo, verdaderamente extraordinaria con un tesoro colgado en los muros con obra de diferente formato del maestro cordobés.

En otra ocasión que estuve en Córdoba fui invitado por mi amigo el periodista e historiador cordobés Francisco Bravo Antibón al Círculo de la Amistad de Córdoba y recibido por su presidente que nos atendió espléndidamente, un lugar céntrico con una construcción tradicional cordobesa, sitio donde convive lo mejor de la sociedad, en aquella ocasión al recorrer sus pasillos, habitaciones y escaleras pude contemplar unos murales que datan de 1905 y me llamó la atención cuatro de ellos, pinturas de gran formato, que representan a las artes todas con fondos azules.


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