¿Por qué?


Porque la inicial curiosidad en la condición natural se manifiesta y exige el constante aprendizaje del conocimiento, el ser humano durante el inicio de su desarrollo y apenas aprendiendo a hilar y pronunciar palabras, pone a prueba la sagacidad y claridad mental de sus padres, que les hace generalmente sudar frío cuando son asaltados por la concreta e infantil interrogante del porqué.

Y quizás ese sudor helado que se siente cuando se es interrogado no es precisamente por la falta de conocimiento de la respuesta, sino por la elección en la forma de ofrecer la verdad en el resultado de la cuestión, suavizando la crudeza en la realidad de la contestación para ponerla acorde a la capacidad de entendimiento del interrogador, en caso de ofrecer sinceridad en la misma, pues también se puede elegir el camino corto de salirse por la tangente para evadir la respuesta.

Así, pues, la secuencia formada por la preposición ‘‘por’’ y el interrogativo ‘‘qué’’, se convierte en el más claro ejemplo de la interrogante infantil más incómoda que pueden hacer los niños a sus padres: ¿Por qué nacen los bebés? A lo que el mayor, con diligencia, suavizando la realidad de la respuesta puede maquillar y vestir de bondad al responder: porque el papá amoroso le siembra una semillita de amor a la mamá amorosa, o bien salirse –como decimos en el mundo del toro– “por piernas” o por la tangente con la siempre acertadísima e infalible frase: ‘‘Pregúntale a tu mamá, m’ijo!’’.

Pues bien, durante el avance en el desarrollo del ser humano, su camino se va andando por la legua del conocimiento escolar durante toda su formación y hasta la madurez. Sin embargo, aun contando con una profesión avalada por un título universitario, la ignorancia en muchos temas en rededor de la vida se hace presente como queda de manifiesto cuando dicen en los dichos de los viejos que “todos los días se aprende algo nuevo”.

Por tanto, la constante e infinita capacidad y necesidad de respuestas para el claro entendimiento de las cosas, exige a cualquier edad pronunciar esa interrogante mágica que hace sudar hasta al más pintado con un concreto y lapidario “por qué”.

Y aunque como sociedad ya estamos un tanto más creciditos que un inocente niño para comprender a cabalidad las crudas respuestas a las interrogantes sociales, tal parece que nuestros gobernantes, (que, eso sí, están más creciditos que un cabrito, ¡por tanto son unos ca… ones!) nos responden como si fuéramos unos inocentes chiquillos “pidiendo claridad y la paciencia que a veces se necesita tener, para poder orientar a la sociedad para llevarla a un mejor puerto”.

Lo cierto es que, y después de esta infantil reflexión, sin lugar a dudas, como sociedad madura nosotros también demandamos claridad sobre las cosas que atañen a nuestra comunidad, a nuestro estado y a nuestro entorno para así poder comprender y entender con razonamiento la triste posición en la que hoy mismo obligadamente tenemos que reconocer, nos encontramos.

Por ello, como si fuéramos unos niños debemos de preguntar de manera inocente, directa, básica y elemental pero con la seriedad que dan los años a una sociedad madura como la nuestra, ¿por qué hemos dejado de ser aquel estado vigorosamente pujante, visionario, emprendedor y ejemplar que alguna vez antaño fuimos?

¿Por qué hemos sido ferozmente atacados por la inseguridad, los secuestros, los asaltos, las extorsiones, los derechos de piso, los homicidios y los incendios de autos que nos han robado la tranquilidad, la seguridad y la paz en nuestras vidas y en nuestros bienes?

¿Por qué seguimos contando con la majestuosa construcción –inservible por ahora– de la Línea 3 del metro que en su diseño estético, sus trazos y líneas arquitectónicas toman artísticamente la forma de la más grande obra y monumental pieza en honor a la incapacidad e ineptitud?

¿Por qué nuestro transporte público de pasajeros sigue siendo el más caro, incómodo, tardado, ineficiente y destartalado del país?

¿Por qué a tres años y medio de gestión no se han cumplido las promesas de campaña como la de cárcel a los corruptos, transparencia en los concursos gubernamentales, adelgazar la nómina, hacer obra pública, pero sobre todo ofrecer certidumbre, paz y seguridad a la sociedad?

Y luego de todas estas claras inconformidades que se quedan en el aire, ante las nulas respuestas por la inacción y falta de voluntad para contestarlas con hechos positivos y reales, como ciudadanos debemos de agarrarnos de las frases populares, pues en ellas habitan las verdades y como lo evidente de la incapacidad e incompetencia de lo que se ve, no se juzga, difícilmente podremos obtener una respuesta sincera, real, verdadera y auténtica a todas estas cuestiones.

Por tanto, si no hay una respuesta gubernamental a estos “porqués” que demanda la sociedad, bien debíamos de solicitar una respuesta de la verdadera y auténtica autoridad universal: la celestial, y por ello ojalá nuestro “Jinete sin Cabeza”, y de no ser mucha molestia, dé a conocer públicamente a toda la sociedad, el número de Whatsapp que dice que tiene del mismísimo Dios, para ver si él nos puede contestar estas preguntas que reclama de forma legítima, nuestra atribulada, lastimada y asaltada sociedad.

Por hoy es todo, amable lector. Medite lo que le platico, disfrute la vida y al máximo a su familia, esperando que el de hoy sea para usted un reparador domingo. Nos leemos en cabritomayor.com, donde podrá encontrar todas nuestras columnas políticas además de las  importantes noticias, artículos y reportajes taurinos, amén de que en “Crack” nos tendrá el   próximo viernes en “Por los senderos Taurinos y aquí mismo el próximo domingo.


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