¿Por qué a José se le dijo ‘Pepe’?


Para demostrar afecto a nuestros allegados, en especial a los pequeños, en el ambiente familiar solemos usar formas abreviadas y cariñosas para nombrarlos.

A un Rafael solemos decirle ‘‘Rafa’’; a una Teresa, ‘‘Tere’’; a Guadalupe, ‘‘Lupe’’ o ‘‘Lupita’’, y así podríamos llenar un libro de ejemplos. A estos nombres de cariño los lingüistas los llaman hipocorísticos, voz griega que significa acariciante o menos literal ‘‘nombres que acarician’’. ¡Vaya!, preciosa la metáfora.

En muchos casos, la forma en que se desprende el hipocorístico del nombre es muy obvia, como en los casos mencionados. Pero, ¿de dónde sale que a José hay que decirle ‘‘Pepe’’?

Una hipótesis acerca del origen de ‘‘Pepe’’ propone que en tiempos antiguos, cuando se hacía referencia a San José, lo nombraban con la frase latina Jesus Christi Pater Putatibus, que significa ‘‘padre putativo (adoptivo) de Jesucristo’’. Con el tiempo, los copistas usarían la abreviación JHPP, y después ya sólo ‘‘PP’’. De esta abreviación, dicen, saldría el hipocorístico ‘‘Pepe’’ para José.

A los ‘‘Pepes’’, que quizá no les haga mucha gracia su relación con putativo –por aquello de los albures–, les tengo una buena noticia: en realidad, el origen de ‘‘Pepe’’, como casi todos los hipocorísticos, está en el ambiente familiar y es fácil de entender cuando sabemos que en la antigua España, el nombre era Josepe, variante de la forma italiana Giuseppe, como se lee en el siguiente texto del año 1400 en un castellano medio “antiguón” pero que más o menos se entiende: “E pasaron omnes mercadores; e corrieron, e alçaron a Josepe del pozo, e vendieron a Josepe a los Moros por veynte pesos de plata”. 

Bueno, por si las moscas, esto en castellano de hoy quiere decir: “Y pasaron hombres mercaderes  y corrieron, y alzaron a Josepe del pozo, y vendieron a Josepe a los Moros por veinte pesos de plata”.

No es difícil imaginar a un niño pequeño llamado Josepe que apenas empiece a hablar y que, al querer decir su nombre, pronuncie ‘‘Pepe’’. Los padres, a manera de solidaridad y de cariño, lo seguirían llamando así. De modo que ‘‘Pepe’’ es la pronunciación infantil de Josepe. La misma explicación funciona para ‘‘Chepe’’, otro hipocorístico para Pepe usado en algunos lugares.

Otro nombre de cariño que despierta la curiosidad es ‘‘Paco’’, que así le decimos a Francisco. Para explicarlo, hay una hipótesis que a mí, con todo respeto, se me hace “muy ojona pá paloma”. Buitrago y Torijano, filólogos españoles, dicen que ‘‘Francisco’’ en tiempos pasados se escribía ‘‘Phrancisco’’ y, con el afán de “ahorrarse tinta”, los escribanos usaron la abreviación  ‘‘Phco’’. De ahí, con sólo intercalar una “a” para hacerlo pronunciable, surgiría el hipocorístico Paco.

No, así no nacen estas palabras… Para explicar este nombre de cariño,  otra vez hay que buscar en el ambiente familiar y oír a un pequeño Francisco pronunciar su nombre. Nada raro sería que dijera algo así como ‘‘Paquico’’. Los padres de cariño lo seguirían llamando así. Al dejar de ser pequeño, a  ‘‘Paquico’’ ya no le haría mucha gracia que lo nombren en diminutivo y menos delante de sus amigos. Los comprensivos padres, para darle su lugar al muchacho, dejarían de llamarlo  ‘‘Paquico’’ y entonces pasaría a ser ‘‘Paco’’. Este detalle lo vemos en  ‘‘Benito’’ que, cuando crece, solemos llamarlo ‘‘Beno’’. También en ‘‘Patricio’’, que un pequeño pronunciaría ‘‘Patito’’ y que cuando deja la infancia pasa a ser ‘‘Pato’’. Así, por mecanismos similares, podríamos explicar otros hipocorísticos para ‘‘Francisco’’ como ‘‘Pancho’’ y ‘‘Patico’’.

Estas historias nos enseñan que para explicar el origen de los hipocorísticos, o nombres de cariño, como mejor les guste decir, hay que buscar en el ambiente familiar, observar la forma de hablar de los pequeños y también de los padres cuando les muestran su amor acariciándolos con palabras. 

cayoelveinte@hotmail.com

Twitter: @harktos


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