OpenA
Siete Puntos

¿Por qué hacia la izquierda?

Siete Puntos

¿Por qué hacia la izquierda?

1. ¿A qué se debió el triunfo del exguerrillero Gustavo Petro en Colombia? La pregunta no es ociosa, pues a la victoria del candidato izquierdista hay que sumar los recientes éxitos de esa corriente en Chile, Argentina, Perú, Honduras, El Salvador, Bolivia, obvio México y, muy probablemente, Brasil en octubre próximo. No incluimos en esta lista a Cuba, Nicaragua y Venezuela, más parecidos a dictaduras que a gobiernos de izquierda. ¿Qué está pasando en América Latina? ¿Por qué ese giro hacia la siniestra en el espectro político?

2. Es claro que no todos los representantes de estas izquierdas son iguales. La preparación académica de Petro, economista con estudios de doctorado, contrasta con la del presidente peruano Pedro Castillo, también profesor pero más folklórico –no se desprende de su sombrero– y con experiencia sindical. El chileno Boric tiene apenas 36 años, y destacó como líder estudiantil, mientras que el brasileño Lula ya va para los 77, y siempre ha estado ligado al movimiento obrero. La hondureña Xiomara Castro y la argentina Cristina Fernández, son casi de la misma edad.

3. Más allá de las biografías de los actuales gobernantes izquierdistas, está el hecho de que una mayoría de votantes ha apostado por ellos. Sus países han vivido durante décadas bajo el amparo de los modelos propuestos por las tecnocracias ilustradas, promotoras de un capitalismo voraz que exige la libertad de mercado, la superioridad del crecimiento sobre la adecuada distribución, la no intervención del Estado –salvo cuando lo necesitan, como en la pandemia– y la apuesta por la globalización como nueva mano invisible reguladora de la economía.

4. Algo le ha fallado a esta propuesta, pues millones de latinoamericanos no se han visto beneficiados de los supuestos beneficios que arrojaría desde arriba hacia abajo este planteamiento económico. De ahí que mayorías empobrecidas, y clases medias disgustadas por la creciente desigualdad y corrupción en todo el subcontinente, hayan optado por este tipo de líderes, algunos más carismáticos que otros, pero todos capaces de proyectar sensibilidad y atención a sus necesidades más sentidas.

5. Los ciudadanos perdedores, que tampoco son pocos y no necesariamente de derecha recalcitrante, sino amantes de la modernidad y el avance tecnológico, quizá tengan en su opinión mejores candidatos, con excelente preparación académica, discursos coherentes y hasta historias honestas. Pero siguen ofreciendo más de lo mismo, matizando un sistema que no favorece más que a unos cuantos. Es cierto. Los triunfadores tienen todavía un voto de confianza y estarán a prueba. Veremos si salen bien librados de ella o no.

6. Sin embargo, no basta, como lo afirmó Vargas Llosa, sostener que los colombianos "votaron mal y que ojalá sea un error enmendable". Lo cierto es que el futuro a mediano plazo pinta de rojo no tan intenso, más bien rosado, pero siempre hacia la izquierda. Quien prefiera otro color tendría que revisar ideas semejantes a las vertidas por el nobel peruano, a saber: quienes votan por la izquierda lo hacen por migajas y porque son pobres sin estudios. Agradezcamos que esos marginales sólo arman revoluciones en las urnas y no en las calles. 

7. Cierre ciclónico. No vale más la vida de un jesuita que la de un franciscano. Tampoco es más importante la muerte de un sacerdote que la de un laico. Eso sí. Llama la atención que los criminales no sólo no respetan a las personas, que en sí mismas son sagradas, sino tampoco a los templos, sitios en donde habita la devoción religiosa y el impulso a la espiritualidad. El reciente asesinato en la parroquia de Cerocahui, Chihuahua, confirma que tales respetos se han perdido, en este clima de violencia generalizada a lo largo y ancho de todo el país. 

papacomeister@gmail.com

×