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¿Por qué presentó AMLO la Ley Minera?

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¿Por qué presentó AMLO la Ley Minera?

El Presidente mandó ayer al Congreso la reforma a la Ley Minera. La Exposición de Motivos es muy simple. El contenido se resume en siete palabras: El Estado se queda con el litio. 

Esta iniciativa es redundante. Y por tanto, innecesaria. El Estado es propietario de todos los recursos del subsuelo, incluyendo el litio. 

¿Para qué repetir esta condición legal que contempla claramente el artículo 27 constitucional?

Para responder a la oposición que el pasado domingo impidió que se aprobara la Reforma Eléctrica de AMLO; es decir, la llamada Ley Barlett. 

El Presidente actúa bajo el precepto: ojo por ojo, diente por diente. 

AMLO repudia que la oposición pueda ufanarse de su victoria legislativa del pasado domingo. 

Y reacciona como siempre, cuando el Presidente va perdiendo, dobla la apuesta. 

Así controla la opinión pública y evita (a su parecer), que la oposición celebre a sus anchas su triunfo; de inmediato los pone en guardia para la siguiente riña. 

Hay dos formas de hacer la guerra, según el general Álvaro Obregón. 

La primera es iniciar batallas casi diariamente, como si fueran quehaceres  burocráticos. Se pelea en muchas contiendas y las derrotas se ocultan bajo el número de batallas ganadas. Sirve para despistar los fracasos bélicos. 

A menos que uno sea como el coronel Aureliano Buendía personaje de Cien años de soledad, quién luchó en 33 batallas y las perdió todas, una detrás de otra. 

La segunda forma de hacer la guerra es decidir a dónde entrarle y a donde no. 

Por eso el General Obregón decía que él nunca había perdido ninguna batalla, porque elegía a cuál entrarle y a cuál no. 

Si presentía que iba a ser derrotado, desistía y a otra cosa mariposa. 

El problema es que el ejercicio de gobernar, que es lo que hace AMLO, no es una guerra. Debatir una iniciativa de ley, y sobre todo una reforma constitucional, no es emprender una batalla. 

Se trata más bien de cabildear, negociar, litigar, dialogar, hacer política. 

Gobernar implica llegar a acuerdos, no emitir consignas; encontrar puntos en común, no lanzar proclamas. 

Dicho de otro modo, gobernar significa también comunicar. Y casi nadie sabe que la palabra comunicar tiene la misma raíz etimológica de la palabra comunidad. 

Si se corta la comunicación, se corta la vida en común. Y entonces, malo el cuento.  

El Presidente pretenderá ostentar su Ley Minera como un triunfo. Sin embargo, alardear que de ahora en adelante el litio es del Estado, es querer empatar el marcador frente a la oposición que le negó su reforma eléctrica. 

El Presidente sigue gobernando como si estuviera en campaña permanente. Quiere convencer a su nicho electoral que a su gallo no le han quitado ni una pluma. O más bien, no le han extraído ningún litio. 

Vienen seis elecciones a gobernador y las campañas son el campo de batalla donde más le gusta estar al Presidente. 

Si por él fuera, haría elecciones presidenciales todos los días. Su descanso es pelear, como decía el Quijote. 

Pero pese a quien le pese, el Quijote es un personaje de mentiras. No es real. 

Los problemas de México, en cambio, como la educación, la salud, la desigualdad, sí son problemas reales. Y esas son las únicas batallas que deberíamos emprender y forzosamente ganar, todos en común.

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