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Ambulando

¿Por qué?

Ambulando

¿Por qué? Una pregunta que guía muchas de las decisiones y posteriores acciones que definen nuestra propia historia. Detrás de dicha cuestión está la necesidad de una respuesta que justifique, que sustente nuestras acciones, que les de sentido y las explique.

En 1907 se podía leer en el Times de Londres el siguiente anuncio: “Se buscan hombres para viaje peligroso. Sueldo escaso. Frío extremo. Largos meses de completa oscuridad. Peligro constante. No se asegura el regreso. Honor y reconocimiento en caso de éxito”. ¿Quién en su sano juicio respondería a aquella solicitud de empleo? 

Para sorpresa de muchos, en aquella ocasión respondieron más de 5,000 aspirantes entre los que se pudo seleccionar a los expedicionarios que escribirían con sus actos una de las historias más fascinantes de liderazgo, resiliencia y trabajo en equipo bajo el mando de Sir Ernest Shackleto,n que encabezaba la Expedición Imperial Transantártica, la cual partió de Londres el primero de agosto de 1914 a bordo del ‘Endurance’ y el ‘Aurora’ para intentar llegar a la Bahía Vahsel, junto al Mar de Weddell, y alcanzar desde allí el polo Sur para luego continuar hasta la isla de Ross en el otro extremo de la Antártida. 

Esa expedición fracasó ante la dureza del trayecto y fue necesaria una difícil misión de rescate para conseguir que todos los tripulantes volvieran a casa, luego de arduas experiencias y grandes esfuerzos por sobrevivir. A pesar del fracaso, esta ha significado una lección de liderazgo que hoy se sigue repasando en distintos ámbitos. ¿Por qué se sumarían a semejante emprendimiento aquellos hombres? 

Hace 2,000 años se escribió el más bello testimonio de amor realizado con actos. Un joven Nazareno recorrería regiones inhóspitas y sembraría la semilla del Amor hasta dar la vida, haciendo de su sacrificio uno por el que millones han visto el camino, la verdad y la vida.

¿Por qué aquel hombre se aventuraría en aquel viaje de ida con un destino como el que sufrió? Y es que hoy, más que nunca, con mensajes que nos dictan cómo es que debe verse el éxito, la salud o la belleza, podemos perder de vista lo esencial, y podemos desviar el camino hacia la plenitud y la realización personal. Buscamos los fines sin considerar los medios y en ocasiones lo hacemos sin razón, con un vacío que no puede ser saciado con los satisfactores a los que solemos recurrir. 

El panorama se pinta de figuras que deambulan sin rumbo, sin sentido, sin un propósito que motive sus acciones. El camino se vuelve mucho más claro, pero no sencillo, cuando se tiene un propósito y se busca cumplirlo en cada pequeño acto, en cada decisión, en cada momento. 

¿Qué hay detrás del sufrimiento de un padre de familia que busca proveer lo necesario para el bienestar de su familia? O ¿Qué motiva al médico o a la enfermera a asumir el riesgo de contagiarse y morir al atender a enfermos contagiosos? El sentido de la vida propia, el propósito que reúne la propia pasión, la misión, la vocación y la profesión en cada acción de vida es capaz de motivar a la acción y a la realización de lo necesario para cumplir con ello, a pesar del dolor, del riesgo, de lo difícil, lejos de lo que hoy se define como bello, de la riqueza, de la mal entendida felicidad o de lo que acepta la sociedad como condicionante para pertenecer. 

Vivir sabiendo el propósito se ha vuelto una forma escasa de vida que se ha perdido en la confusión y en la búsqueda de lo que no trasciende. Este es el momento para hurgar en el interior y buscar nuestro propósito, y luego emprender el camino para conseguirlo en cada minuto de nuestras vidas. Lo necesitas tú, y el mundo te necesita a ti, en equlibrio y siendo congruente con tu propósito de vida.

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