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Siete Puntos

Por una justicia justa

Siete Puntos

Por una justicia justa

1. Cuando Enrique Krauze escribió en 1986 Por una democracia sin adjetivos pretendió quitarle al sustantivo a todos aquellos calificativos que, queriendo explicarlo, clarificarlo, ilustrarlo, terminaban por oscurecerlo. Por el contrario, yo publiqué en 1997 mi ensayo Por una democracia con adjetivos. Apología de la democracia global e integral. Pensé, y lo sostengo casi 30 años después, que necesitamos de adjetivos que enriquezcan a los sustantivos, que los adapten a coyunturas históricas determinadas, que los visibilicen.

2. En la literatura esto ni se discute. Los poetas, esos iluminados que generan lo que todos pensamos pero somos incapaces de transmitir, utilizan las metáforas –cfr. il Postino– en vez de adjetivar sustantivos. No es lo mismo decir con el vate: "Tus ojos son como el océano" a, simplemente, "Tus ojos son inmensos". Los calificativos en las ciencias sociales son también necesarios. Una cosa es la teología latinoamericana y otra la europea; no es lo mismo la economía neoliberal que la socialista; ni tampoco la educación conductual que la no directiva.

3. ¿Pero qué decir de sustantivos fuertes en sí mismos como Dios, el amor, la vida, el agua, la pasión, el miedo, la violencia, el perdón? Hay quien dice que no necesitan desdoblamientos, pues tienen tal energía en sí mismos que valorarlos resultaría innecesario. Yo sigo pensando que aún estos conceptos, por más sólidos que sean, pueden enriquecerse, situarse, desnudarse o vestirse. Un claro ejemplo lo constituye el vocablo justicia. Uno supondría que en sí mismo es capaz de denotar su profundo significado, pero no siempre es así.

4. En el caso de la denuncia levantada por el actual fiscal General de la República, contra la pareja e hija de su hermano, desechada en su momento por falta de pruebas, pero reactivada una vez que ocupó esa relevante posición, los adjetivos brotaron como ratas de una cañería: vengativo, manipulador, rencoroso, abusador del poder, corruptor de autoridades, etc. Durante casi dos años se mantuvo a una señora en prisión, gracias a que ésta fue obsequiada por otra autoridad también vilipendiada: la Fiscalía de la de la Ciudad de México.

5. Gracias a la presión mediática y política, a que el caso ocupó las primeras planas en la prensa impresa y digital, en los horarios estelares de los noticiarios televisivos y radiales, y en innumerables sitios web, la Suprema Corte de Justicia intervino en favor de la afectada. El mismo ministro presidente reconoció que la celeridad final con la que se resolvió el litigio obedeció a la coerción mencionada. La reclusa durante 17 meses y hoy libre refirió que buscará visibilizar la situación de otras internas, encarceladas también de manera injusta.

6. Y es que resulta muy difícil no concluir que el final feliz a esta novela se debió a la intervención de alguien muy importante. De ser así, estaríamos, una vez más y como ha sido siempre, ante una justicia selectiva, dirigida a satisfacer determinadas exigencias, atenta a obsequiar peticiones o requerimientos de poderosos. Ojalá que el cambio de régimen impulsado por la 4T lograra, ahora sí para que ya no sea como antes, una justicia política, mediática, discrecional, para que sea una justicia justa para todos los mexicanos, sin necesidad de palancas o sobornos.

7. Cierre ciclónico. Y hablando de justicias injustas. El Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) acaba de informar la manipulación de hechos por parte de autoridades mexicanas, en el caso Ayotzinapa. Relatan que las fuerzas armadas sabían algo increíble: los 43 serían secuestrados y no actuaron. Los padres de los desaparecidos están sumamente indignados con el Ejército y la Marina por incumplir un decreto presidencial, en el que se comprometieron a entregar toda la información disponible. ¿Y la verdad histórica?

papacomeister@gmail.com

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