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El momento presente

Pregúntale al caballo

El momento presente

Pregúntale al caballo

Vivimos en un mundo tan acelerado, el que nosotros mismos hemos creado, que resulta casi imposible detenerse a sólo disfrutar del mismo mundo que habitamos. 

Una de las más grandes y efectivas capacidades que tiene nuestro cerebro es el piloto automático, el tener la capacidad de realizar acciones de forma mecanizada mientras estamos enfrascados mentalmente en el pasado o el futuro o la capacidad de hacer varias cosas de manera casi simultánea es un arte que hemos perfeccionado para abarcar en menos tiempo más actividades.

De hecho mientras escribo esta columna, el párrafo desde la frase "de hecho" la estoy escribiendo con los ojos cerrados porque mi cerebro ha aprendido dónde está cada una de las teclas sin necesidad de verlas, incluso si intentara pensar dónde está cada una de las teclas para escribir me equivocaría más y no lograría escribir de forma fluida estas palabras (hasta aquí con los ojos cerrados) y al abrirlos me di cuenta que me equivoqué sólo en tres palabras. 

Sin embargo, a pesar de las grandes ventajas del piloto automático, también tiene sus grandes desventajas, y una de las más frecuentes es que aumenta la posibilidad de errores, muchos de los cuales pueden ser triviales y hasta graciosos.

Como el día de ayer que compré comida, y al momento de hacer mi pedido, el empleado me dice la cantidad a pagar y yo le di un billete para que se cobrara, entonces él tomó la terminal de tarjetas para cobrarme y cuando llevó el billete a la terminal se dio cuenta que la tarjeta se había ´convertido´ en billete. Ante lo que dijo, sonriendo y un poco apenado: "Es que ya casi nadie paga con efectivo". 

Pero desgraciadamente los errores que cometemos en piloto automático pueden pasar a convertirse en fatales accidentes, recuerdo también a un amigo que me comentó que su suegra había dormido en su misma recámara del segundo piso durante más de treinta años.

Afuera de su habitación había un pasillo, enfrente del pasillo otra recámara sin usar, a la derecha el baño y a la izquierda la escalera que conducía a la planta baja y resulta que en una ocasión su habitación necesitaba ser reparada de una fisura en el muro y decidió salir de su recámara donde había dormido por treinta años para que hicieran cómodamente el trabajo los albañiles.

Se pasó a dormir a la recámara de enfrente y por la madrugada se despertó para ir al baño, pero en piloto automático se dirigió como siempre a la derecha donde para su cerebro estaba el sanitario, cuando lo que estaba era la escalera y caminó tan confiada que no alcanzó a notar los peldaños y rodó por la escalera fracturándose las cervicales y muriendo en ese instante. 

Así que, aunque el piloto automático es indispensable, vale la pena pararlo regular e intencionalmente para mejorar nuestra atención en el momento presente y así lograremos un equilibrio para no sólo vivir de manera 'robotizada' sino también darnos cuenta que estamos viviendo. 

En una ocasión un hombre estaba parado a la orilla de un camino mientras veía cómo su amigo se aceraba a todo galope y pasó frente a él con el caballo desbocado y le gritó al jinete: '¿A dónde vas con tanta prisa?' y el jinete le contestó: '¡Yo no lo sé!... ¡Pregúntale al caballo!' ... ese caballo desbocado es nuestro piloto automático. Hasta el siguiente momento presente.  


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