Opinión

Carrera por el Imperio|Producción en naciones aliadas

Producción en naciones aliadas, ¿nueva premisa para inversión extranjera?

El concepto de “friendshoring” ha ido tomando relevancia para la toma de decisiones de inversión extranjera directa. Implica localizar o mover las instalaciones productivas y/o de negocio a países considerados amigables o aliados. Algunos datos de encuestas y comentarios de especialistas lo posicionan como una nueva tendencia geopolítica, dadas las diferencias actuales entre EUA y China, las principales potencias globales. 

La Cámara de Comercio de la Unión Europea en China reporta que 23% de las firmas occidentales que operan en dicho país, están considerando reubicar sus operaciones a otros países, además que en lo general han frenado o están reevaluando sus decisiones de inversión para futuros proyectos. El discurso político de autoridades estadounidenses tiende igualmente a procurar una reubicación paulatina de sus empresas. No obstante, la inversión extranjera directa en China se incrementó 26.1% en los primeros cuatro meses de 2022, siendo EUA y Alemania los principales inversionistas.     

Mi análisis y prospectiva: Las autoridades piensan y deciden en base a geopolítica y aliados, los empresarios piensan y deciden en base a mercados y rentabilidad. Al menos durante las tres décadas anteriores, la globalización permitió a las empresas acelerar y aprovechar ventajas competitivas, al ubicar sus operaciones en distintas naciones. 

Desde la perspectiva de política y relaciones internacionales, pudiera hacer sentido preferir invertir y producir exclusivamente en países que se consideran aliados, mas no es necesariamente el caso desde el enfoque de negocio, el cual de manera proactiva busca los mejores rendimientos y menores costos posibles. 

En efecto, tomar en cuenta los factores geopolíticos de una nación es una manera de considerar y mitigar el riesgo de las inversiones. Sin embargo, es en ocasiones ese mismo riesgo que bajo circunstancias tolerables, genera mayores retornos.

 Aunque sí debe medirse y considerarse, la animadversión entre mandatarios y los distintos sistemas de gobierno no deberían convertirse en los principales factores de decisión de las empresas, salvo en condiciones extremas o regulaciones específicas. Aún así, la pronunciada competencia entre EUA y China y sus respectivos aliados, se está convirtiendo en una variable considerable para las decisiones de inversión y producción. Lo que menos desean las empresas transnacionales es tener que definir posturas de preferencia o tomar partido en la disputa entre una potencia y otra. Sus objetivos principales siguen siendo la rentabilidad, creación de valor, beneficio social, productividad, eficiencia, calidad, costo, tiempo, estabilidad, crecimiento, y sostenibilidad de mediano y largo plazo de sus instalaciones productivas. 

Para continuar el desarrollo económico global bajo las premisas de mejores productos con precios competitivos, se debe evitar en la medida de lo posible politizar las decisiones de las empresas transnacionales. Por ello, los grandes corporativos internacionales y sus organismos (e.g. Business Council) deberán buscar los mecanismos para “blindar” al sector privado, con el fin de evitar politizar y someter sus decisiones ante las diferencias políticas entre países. En dado caso, una vía complementaria será la intervención de organismos internacionales que velan por la estabilidad macroeconómica global (i.e. Fondo Monetario Internacional), desarrollo (i.e. Banco Mundial), y comercio internacional (i.e. Organización Mundial de Comercio). Si el sector privado es obligado a mimetizar las animadversiones entre naciones, se corre el riesgo de limitar el potencial de generación de valor y de riqueza de las naciones y ciudadanos.


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