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Siete Puntos

¿Puede, debe… un líder ser humilde?

Siete Puntos

¿Puede, debe… un líder ser humilde?

1. Tengo un colega que posee abundantes luces. Políglota, deportista perenne, poseedor de una cultura vastísima, excelente profesor y dueño de una conversación interminable. Simpático, es rodeado por un numeroso grupo de discípulos, quien lo define como un hombre muy espiritual y carismático. Siempre tiene la anécdota adecuada o el chascarrillo oportuno. Dos sombras nublan su horizonte, la primera, una frase que o no aprendió de niño o la olvidó con el correr de los años, o se negaba conscientemente a pronunciar: “no sé”.

2. En efecto. Si acaso puede decir, “no recuerdo”, porque da la impresión de saberlo todo, y porque jamás acepta su ignorancia sobre algún tópico. La segunda penumbra aparece cuando se le señala un error, y su respuesta, siempre evasiva, da a entender que él nunca se equivoca, jamás comete un desliz. Cuando le he señalado tales cerrazones se defiende justificándolas con esta idea: un líder, para proyectar firmeza y seguridad, jamás puede aceptar torpezas intelectuales y/o yerros operativos. Todo lo sabe, todo lo hace bien.

3. Siempre he creído que esta postura es muy regia. Creemos que nuestros líderes –empresariales, políticos, académicos, religiosos– no sólo no pueden manifestar debilidades como alguna enfermedad o tristeza, sino que no deben aceptar equivocaciones o descuidos porque eso mina su autoridad. Es cierto que en momentos de crisis necesitan asumir la responsabilidad de una conducción férrea, señalando el rumbo a seguir y colocándose en primera fila de la batalla, pero también lo es que son seres humanos y pueden fallar.

4. Por ello, me llamó sobremanera la atención el que el Presidente de la República haya reconocido, al menos de manera velada, un desacierto, y haya exigido que se remedie cuanto antes: el desabasto de medicamentos. Recordamos que tal situación fue negada en primera instancia, luego se atribuyó a la corrupción del régimen “neoliberal”, hasta que, por fin, sin atenuantes, se indicó de manera vehemente a los responsables que atendieran de inmediato este problema de salud pública, “sin excusas de ningún tipo”.

5. La negativa presidencial a aceptar este fracaso, por el número de pérdidas humanas que ha significado, afectó también a su capital político. Muchos de sus “simpatizantes críticos”, inconformes con el PRIANRD, deseosos de una verdadera transformación estructural en México, y apostando también por el fin de la corrupción, vieron en AMLO la mejor manera de lograr esos anhelos. La insensibilidad manifiesta en sus rabietas, cuando se le cuestionaba la falta de medicamentos, contrastó con la imagen del luchador honesto que lo llevó a la presidencia.

6. Qué bueno que recapacitó. Qué bueno que, aún de manera disimulada, se reconoce el estropicio. Ojalá se agilice la compra y distribución de las medicinas. Es asunto de vida o muerte. Pero también ojalá y se reconozca que el líder puede equivocarse, y reconocerlo no le quita autoridad, sino la fortalece. Un líder honesto, capaz de aceptar sus pifias, de asumir sus responsabilidades en las decisiones erróneas, siempre será preferible al jefe autoritario, cegado ante una realidad que no le es favorable. Ojalá AMLO sea ese paladín en la segunda parte de su gestión.

7. Cierre ciclónico. Hoy celebramos el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, enmarcado todavía en una pandemia que ha intensificado la violencia contra mujeres y niñas, sobre todo en el hogar. El tema de este año para la celebración, propuesto por la Organización de las Naciones Unidas, es “Pinta el mundo de naranja: ¡financiar, responder, prevenir, recopilar”. La ONU propone una campaña de 16 días, que concluirá el 10 de diciembre, Día Internacional de los Derechos Humanos. Sumémonos a esta iniciativa.

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