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Latitud

¿Qué busca el presidente?

Latitud

¿Qué busca el presidente?

Durante mucho años, AMLO buscó la aprobación, el deseo de agradar a cada vez más gente y, sobre todo, tener la razón de su parte. 

Llegó a hablar en una de sus campañas presidenciales de instaurar una República amorosa. 

La razón es un objeto precioso, más precioso que cualquier anillo mágico. Pero cuando se le añora como valiosa posesión, el anillo mágico se sale del dedo que circunda. 

Así, AMLO consiguió ganar seguidores, acumular logros inusitados, cumplir metas que a otros resultaban inverosímiles. 

Y adoptó a un incondicional (o a dos o a tres o a muchos), que le advirtieran al oído día y noche: "eres mortal, acuérdate que eres mortal, sí, pero también eres superior a tus detractores, y el destino está a tu favor). 

En realidad, está comprobado que el destino no se inclina a favor de nadie, porque algún día vamos a colgar los tenis todos. Unos antes que otros. Y a eso se le llama destino. 

Sin embargo, AMLO dejó de buscar la aprobación de todos, aguantó con desagrado (pero luego con  indiferencia y con el paso del tiempo con deleite) el rencor de muchos mexicanos en contra suya. 

Le gusta gustar, claro está (¿a quién no?), pero el odio ajeno le es motivante. Es como segregar endorfinas. Y adrenalina. 

Incluso está dispuesto a provocar grandes dosis de odio puro y duro en contra suya. 

¿Agradar? Es una palabra que ha guardado en el baúl de los recuerdos. 

Con dicho pensamiento obsesivo, monocorde, todo político comienza su degradación. 

El destino habrá de alcanzarnos tarde o temprano. 

Decía Borges que no existe la venganza; que el olvido "es la única venganza y el único perdón". 

Todos seremos olvidados. Es ley del tiempo. Fans y retractores por igual. 

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