Opinión

El momento presente|Quejas y quejas

Opinión

Por cada reclamo que hacemos en el exterior, nuestra mente lo rebobina infinidad de veces cronificando nuestro malestar.

Recuerdo una ocasión en que me reuní con unos amigos médicos, que hace tiempo no veía y me trasladaba de lejos al lugar del evento, por lo que comenté que llegaría un poco después de la hora planeada y así fue, de tal forma que al llegar ya estaban charlando en una mesa seis amigos, entonces, llegué, saludé y me senté para escucharlos y ver en cuál charla podría incorporarme.

Curiosamente charlaban en parejas, y me dispuse a escuchar al primer par donde uno de ellos le comentaba al otro lo frustrante que era no contar con el material de curación necesario, ni el personal de apoyo en el hospital donde trabajaba, entonces yo intervine preguntando: 

‘¿Y ya hablaste con las personas encargadas de abastecer material y recursos humanos?’  Y él me dijo irritado: ‘¡No!, ¿para qué? Si nunca hacen caso de lo que decimos los médicos’… entonces guardé silencio y me aparté un poco de ellos para escuchar a otro par cuya conversación giraba en temas políticos.

‘No es posible que nuestro alcalde no pueda solucionar el tema de la inseguridad en nuestro fraccionamiento’… entonces tratando de entrar en una segunda charla comenté: ‘¿Y ya fuiste a las oficinas de tu municipio a interponer una queja por dicha situación?’ Ante lo que mi amigo dijo: ‘¿Y crees que lograré algo?, tú sabes como son estas cosas e ir ahí es sólo perder el tiempo’.

Finalmente me dirigí al tercer par que charlaban, y escuchaba a uno de los amigos que le platicaba al otro sobre su hijo menor adolescente, y quien estaba decidido a no ingresar a la universidad puesto que aún no tenía clara la licenciatura que quería cursar y eso le generaba una gran desilusión y ahí intenté incorporarme.

‘¿Pero ya le dijiste que podría asesorarse para evaluar cuál es la mejor carrera para él?’ Ante lo que me contestó: ‘¡Pero si ya sabes cómo son los jóvenes!, que caso tiene que yo le diga algo, si ya lo ha decidido’.

Al escuchar el comentario de mi tercer amigo, me quedé pensando en todo lo que perdemos de tiempo y energía en quejarnos de situaciones que nos afectan, pero que damos por sentado que somos incapaces de cambiar, cuando muchas veces no es así, sin embargo, esto nunca lo sabemos cuando nosotros mismos nos cerramos las puertas del cambio.

Por supuesto que la postura de mis amigos no aplica a todos, pero sí es altamente común que creamos que tenemos menos poder de cambio del que realmente tenemos y esto se genera porque nuestra mente es especialista en generar escenarios desfavorables ante situaciones que deseamos enfrentar y que no nos es muy cómodo hacerlo.

Lo anterior me hizo recordar el chiste del hombre al que se le descompuso su plancha y pensó en pedírsela prestada a su vecino y mientras caminaba a la casa de este, iba pensando: ‘¿Y si él la necesita?, ¿y sí piensa que no se la regresaré? Seguro no querrá prestármela creyendo que no la cuidaré’. 

‘Y me dirá: Lo siento vecino, pero la estoy usando’… entonces este hombre tocó la puerta de su vecino y este abrió y entonces quien iba por la plancha le dijo: ‘Ni quien quiera tu maldita plancha’, y se dio media vuelta regresándose enojado.

 Hasta el siguiente momento presente.


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