OpenA
Latitud

¿Quién ordenó el replaqueo, Samuel o López Obrador?

Latitud

¿Quién ordenó el replaqueo, Samuel o López Obrador?

Cuando el gobierno federal o local afila sus colmillos con fines recaudatorios yo salgo corriendo por mi crucifijo y mi ristra de ajos. 

Yo soy libertario. Para mayores señas: anarquista en términos económicos. Siempre que se buscan fines recaudatorios los gobiernos se encueran, exhibiendo impúdicamente sus partes nobles.

Dado que la virtud, así como la honra no pueden esconderse, lo mejor es hablar claro y sin cortapisas. 

¿El replaqueo tiene fines recaudatorios? Sí, obvio. Todos de los tres niveles de gobierno salen ganando. Menos los regios. 

Ya dijo Samuel que sobre el replaqueo, “Nuevo León no tiene ningún interés en ese tema”. 

Yo no tengo porque dudar lo que dice el mandatario, aunque nunca está de más un gramo de duda en todo lo que dice la gente del poder. 

Y sigue Samuel: “les pido con toda sinceridad vayan y pregúntenle a la autoridad federal, al gabinete de seguridad publica nacional cuándo sale la NOM (Norma Oficial Mexicana) sobre el replaqueo y la seguridad”. 

Yo me apunto. ¿A quién debo preguntarle en la Ciudad de México? ¿En cuál de todas las puertas de Palacio Nacional toco para que me den informes sobre la dichosa NOM? 

¿Pueden darme una acreditación para preguntarle directamente a López Obrador sobre el replaqueo? Con gusto lo hago.

Igual que los males, los impuestos no llegan solos. Son tormentas, no chispeos. Para pagar las nuevas placas que hermanen a los tres estados a costa de nuestros bolsillos, los regios tendríamos también que ponernos al corriente con las multas vehiculares (por lo general inventadas por la dependencia de Vialidad y Tránsito). 

No conozco a nadie que no se haya quejado alguna o muchas veces en su vida de ser víctima de multas fantasmas. 

Este latrocinio descarado no hay forma de aclararlo jamás. Estamos a merced de las autoridades. 

Es como los recibos de agua o electricidad que de buenas a primeras salen el doble de consumo. ¿Cómo les compruebas que no gastaste la luz que te cobran de más? 

Es mi palabra contra la palabra de un burócrata que está ahí para exprimirnos a nosotros los usuarios. 

Si pudieran, nos agarraban de los pies para sacudirnos boca abajo hasta que les dejemos caer nuestros centavos en el piso. 

Tampoco sería la primera vez que la actualización de datos personales con el pretexto de renovar las placas, acabaran como base de datos en las manos del crimen organizado. 

Estas trácalas que suelen hacerse a la sombra, fuera de los ojos auditores de los ciudadanos, no son nuevas. 

Basta recordar el tristemente célebre caso RENAVE (Registro Nacional de Vehículos). Como el lector recordará (si tiene edad suficiente para almacenar en su cerebro memoria RAM de varias décadas), entre 1995 y 1999 la SECOFI puso en marcha esta farsa gigantesca de registro vehicular. 

Se hizo una licitación pública amañada. Se pagaron cientos de millones de pesos para recaudar la información de todos los vehículos del país y de los dueños de esos vehículos. 

Al poco tiempo se descubrió que esta empresa de recabación de datos era una simple pantalla. 

Detrás de esta mascarada empresarial estaba el militar Ricardo Miguel Cavallo, alto mando de la Junta Militar Argentina y culpable confeso de más de 200 muertes de civiles indefensos. 

Aquella cloaca destapada tuvo un culpable: Herminio Blanco, el entonces secretario de Comercio, quien como premio a que regalara la información precisa de millones de mexicanos a un mafioso argentino, lo candidatearon como director general de la Organización Mundial del Comercio en 2012. 

Y por poco logra este ruin cometido de no ser porque el gobierno de España entró al quite. 

El entonces juez Baltazar Garzón de la Audiencia Nacional armó un expediente con acusaciones a fondo contra el militar argentino, hasta lograr su captura y extradición en febrero de 2001. 

Lo más desolador del caso es que sin la intervención del ibérico Baltazar Garzón, los crímenes de Ricardo Miguel Cavallo seguirían impunes.

Es como una de esas novelas de espionaje de John le Carré, donde los malos se salen con la suya y a veces son detenidos hasta qué pasa el escándalo y ya los dejan en libertad. 

En aquel entonces, el subsecretario de la SECOFI, Raúl Ramos Tercero, apareció “suicidado” en un paraje de La Marquesa, entre la Ciudad de México y Toluca. 

Yo creo que más bien lo “suicidaron” para que no hablara de más.

Por eso y muchas cosas más sospechemos de los registros de vehículos; no siempre sirven para imponer la ley y el orden sino para cometer crimen sin castigo.

Por supuesto, sería un iluso queriendo comparar el replaqueo con el RENAVE de aquella trágica historia.

Los tiempos ya cambiaron. Ahora los gobiernos ya no cobran el replaqueo con fines recaudatorios ni les gusta exprimir con impuestos ridículos a los mexicanos y menos son capaces de quedarse con un solo peso que no sea suyo. 

¿Y si los premiamos juntando una coperacha para hacerles a cada político en el poder una aureola de lámina dorada? 

Se van a ver muy beatíficos en las selfies que se tomen para Instagram. 

×