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Siete Puntos

¿Quién perdió?

Siete Puntos

¿Quién perdió?

1. ¿Son importantes, para nosotros los neoleoneses, las elecciones del pasado domingo en Aguascalientes, Oaxaca, Hidalgo, Quintana Roo, Durango y Tamaulipas? A diferencia de otros comicios locales, estos representaron un anticipo de lo que puede suceder en 2024, por lo que quienes están en contra de la 4T habrán visto con preocupación el evidente avance de Morena. Para los seguidores de AMLO, el 4-2 es un claro triunfo, y la consolidación de su movimiento. En base a esa derrota o victoria, el futuro aparece sombrío o promisorio.

2. Los derrotados deben aceptar una triste –para ellos– realidad: el partido fundado por el actual presidente gobernará en 22 de 32 estados, que pueden convertirse en 23 ó 24 si gana las elecciones del año próximo en Coahuila y/o Estado de México. Tal mapa favorecerá el apoyo con recursos de todo tipo a los candidatos morenistas, y será entonces muy probable que la 4T se extienda por seis años más. En este escenario, la derrota habría que adjudicársela a la alianza PAN-PRI-PRD, pues aún sin AMLO en la boleta, perdió por paliza.

3. Pero de los tres aliancistas quien más pierde es el PRI. Y es que gobernaba en sus bastiones de Oaxaca, Hidalgo y, aunque el gobernador saliente de Quintana Roo es panista en la actualidad, también fue priista. De las seis elecciones en disputa sólo ganó Durango, por lo que de 14 estados que gobernaba antes de 2018, ahora lo hará sólo en tres, con el riesgo de perder dos el año próximo. Si a ello agregamos los escándalos en lo que se ha visto envuelto su actual presidente, el otrora poderoso partido va en caída libre.

4. Otra derrotada es la narrativa anti-INE. Pese a los permanentes ataques surgidos desde Palacio Nacional, y quizá porque fue tan contundente la victoria que no se pudo cuestionar el procedimiento, lo cierto es que el árbitro jugó un muy buen papel en el partido del pasado domingo. Pero lo viene haciendo desde hace tiempo, y aunque los procesos electorales son muy costosos, los resultados del Instituto validan el gasto. Si la democracia no debe reducirse sólo a las elecciones, sí son ellas un buen parámetro, y las nuestras son confiables.

5. Pierde también la violencia adjudicada a los grupos de narcotraficantes, tan evidenciada en las elecciones intermedias del año pasado. En esta ocasión, y salvo casos aislados, no se registraron los asesinatos, secuestros y amenazas de la vez anterior. La vinculación, entonces, entre los grupos delictivos y los gobernantes con sus partidos, si bien posible, no hizo su aparición, y eso tiene que reconocerse. Un escenario diverso confirmaría la sospecha de que transitamos a narcogobiernos estatales, y eso sería sumamente grave.

6. Pero quien más se vio quebrantada fue la participación ciudadana. Una vez más el abstencionismo rondó el 55%, por lo que menos de la mitad de los votantes posibles fueron a las urnas. Si siempre ha sido peligroso optar por la retirada participativa, en el actual contexto aún lo es más, por dos razones: o revela una ciudadanía dejada, sin interés en impactar de manera directa en el rumbo del país, o refleja una con tal malestar que prefiere optar por otras vías de transformación, no siempre electorales ni pacíficas. Cuidado con ambas actitudes.

7. Cierre ciclónico. Pues AMLO decidió no participar en la Cumbre de la Américas, argumentando que no se invitó a todos los gobiernos del continente. Sus enemigos dicen que es un error, por apoyar a los dictadores –así se les califica– de Cuba, Nicaragua y Venezuela. Sus partidarios lo felicitan por convertirse en el líder latinoamericano que tanta falta hace. Más allá de las filias y fobias amlistas, llama la atención que los EUA no quisieron invitar a esos países "porque no respetan la democracia". ¿Y el Tío Sam sí ha respetado las democracias de América Latina?

papacomeister@gmail.com

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