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Latitud

Recuerdo musical de Georges Moustaki

Latitud

Recuerdo musical de Georges Moustaki

"Me duelen las partes con las que antes jugaba" dice un célebre poema. En nuestra juventud,  algunos regiomontanos (no muchos, es verdad) solíamos tomar como entretenimiento las canciones de Georges Moustaki, nacido en Alejandría, pero griego y francés por adopción y ciudadano del mundo por decisión. 

Multicultural, poliamoroso. Amante de Édith Piaf. Eso sí: más amante de los puros, las pipas y el tabaco que le regaló un bonito enfisema pulmonar. 

Hace días, en un restaurante de pastas, las composiciones de este genio de los escenarios me dolieron como un déjà vu que cimbró mi corazón ya maduro.

En la tarima improvisada de cierto jardín una intérprete profesional se esmeraba en leer la partitura y la letra del legendario compositor francés. 

Sorteaba el estribillo que los más viejos aprendimos en los años mozos: "Et pourtant dans le monde/ Les enfant nous répondent / Et pourtant dans le monde..."

Los acordes de guitarra de Moustaki se volvieron un éxito entre los regiomontanos de los años 70 y 80 y el LP importado de Francia se agotó muy pronto en las tiendas de discos. Su ídolo (también los ídolos tienen ídolos) era Georges Brassens. Igual el nuestro. 

Iluminado su rostro a medias por la lamparita del atril, la intérprete perdía su mirada, jugando con esas estrofas de la letra de la canción que a otros sí nos duelen. 

No podía saber la joven cantante que hace muchos años gobernaba Nuevo León un político llamado Alfonso Martínez Domínguez (1979-1985). 

En su canción, Moustaki se queja de los señores que mandan y que le aconsejan no cantar la fraternidad ni la libertad; que le reprenden por soñar en vez de mantener los ojos abiertos y por hablar sobre el amor como si de verdad existiera; que le exigen mejor callar o mentir y mantener la sonrisa hipócrita. 

"Et pourtant dans le monde..." les responde el fraterno, soñador y eternamente amoroso Moustaki.

Le conté estos recuerdos a la joven intérprete.

A través del cantautor respondo a las extorsiones del poder político y a quienes pretenden arrojar sombras y tinieblas a la libertad de expresión.

Pero Georges Moustaki, artista incorruptible, aficionado a navegar en altamar por meses y dueño de un departamentito en Niza donde murió en 2013, no caló hondo en el alma de la intérprete. 

La muchacha me dio las gracias y siguió entonando las canciones cuyo sentido no importaba a su candorosa inocencia juvenil. ¿O acaso es uno el viejo anacrónico y deschavetado?

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