Recuerdos de El Porvenir


A fines de 1918, Monterrey aún se estremecía por los estertores de la Revolución Mexicana. La efervescencia política en el estado vivía su punto álgido por la proximidad de la elección de un nuevo gobernador. Nicéforo Zambrano, gobernador en turno, sostenía una aguerrida pugna contra Juan M. García, en ese entonces presidente municipal de Monterrey. García controlaba el diario El Progreso que, sin piedad, lanzaba fuertes ataques contra don Nicéforo y su grupo.

¿Casualidad? Quién sabe, pero por esos días volvió a Monterrey Ricardo Arenales, poeta colombiano a quien algunos llamaron el poeta de los tres nombres, porque en realidad se llamaba Miguel Ángel Osorio y en sus últimos años decidió llamarse Porfirio Barba Jacob. Entre 1908 y 1910, Arenales ya había tenido estancia en tierras regias y había compartido aventuras literarias con plumas de gran prestigio como Alfonso Reyes y Celedonio Junco de la Vega.

El grupo que lideraba Nicéforo Zambrano, aprovechó el regreso de Arenales y le propuso la creación de un periódico que los apoyara en la lucha política que enfrentaban. Con un anticipo de $1,500.00 a Arenales y un capital de $12,000.00, se arrancó el proyecto.

Arenales encontró en la imprenta de don Jesús Cantú el lugar adecuado para que se imprimiera el nuevo diario. Acuñó el lema “Verdad, justicia y belleza” e invitó como editorialista a su antiguo compañero de aventuras literarias don Celedonio Junco de la Vega, que aceptó con la condición de no meterse en “pleitos políticos”, porque estaba convencido de tener “mala mano” para esas cosas y ya eran muchas las frustraciones experimentadas en ese terreno.

El Porvenir, nombre elegido por el poeta, circuló por primera vez en las calles de Monterrey el viernes 31 de enero de 1919. Por las bajas ventas y la tibieza con la que abordó la esperada lucha política, los accionistas empezaron a presionar a Arenales que, desesperado, se inventó algunas historias para tratar de  despertar la atención del público.

No dispuesto a tolerar la presión del grupo que lo había contratado, en la publicación del 4 de marzo anunció veladamente su despedida. Aclaró que la postura del periódico era la suya propia y si esto dejara de ser así, entonces no tendría motivo para continuar. Así lo escribió: “Sacudiré las alas como el pájaro libre y acordándome de quién soy, y de cuán amplio y fácil es para mí el mundo, acudiré a las dos palabras mágicas en que residen mi independencia y mi poder: ¡me voy!”. ¡Y se fue! No pasó mucho tiempo para que esto sucediera.

En los primeros días de abril, el grupo del gobernador Nicéforo Zambrano lo presionó para que publicara un agresivo y burdo ataque contra Juan M. García. Arenales, los desafió diciéndoles: “En El Porvenir no se publican esas cosas. Si quieren impriman en hojas sueltas, pero en el periódico no”. ¡Ardió Troya! Los inversionistas hicieron su rabieta y Arenales, consciente de que ya no había nada que hacer, desplegó sus alas y voló escoltado por un trío de trovadores colombianos que casualmente en esos días se presentaron en Monterrey.

Fue hasta la edición del 28 de abril de 1919 cuando se anunció en El Porvenir el retiro de Arenales como director y propietario de este diario, aduciendo “razones de salud”. Esa nota era el presagio de la muerte temprana del periódico, pero don Jesús Cantú Leal, el impresor, llegó a un arreglo con Nicéforo Zambrano y pasó a ser el nuevo dueño de El Porvenir. Gracias a él, el periódico sobrevivió, creció y llegó a ser, durante muchos años, el más importante del noreste del país.

Así fue el nacimiento de El Porvenir, un periódico que, aunque venido a menos, sigue vivo y recién ha cumplido un siglo de contar la historia de nuestra ciudad y muchas otras ciudades. ¡Felicidades!

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