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Cabrito Mayor

Reflexión

Cabrito Mayor

Reflexión

Paseando en mi mente por los años idos, en un ejercicio de introspección y reflexión, recuerdo con mucho cariño y respeto a un amoroso matrimonio de maestros retirados que se forjaron a sí mismos dentro de la cultura del esfuerzo en las épocas revolucionarias de un México incierto que apenas edificaba las cimientes de esta gran nación que por gracia de Dios, hoy conjuntamente habitamos.

Cuando yo les conocí, fue cuando apenas tuve uso de razón, pues don Hermenegildo Climaco Morales y doña Severita González de Climaco eran mis abuelos maternos, que en aquellos tiempos ya estaban retirados de la actividad magisterial oficial; sin embargo, acostumbrados a ganarse las tortillas a base del fecundo trabajo y sin esperar que la magia gubernamental en forma de pensión les aliviara sus necesidades, ellos fundaron una modesta pero propia escuela, la Webster, donde impartían el idioma inglés en el aquellos tiempos apacible pueblo de Sabinas Hidalgo, Nuevo León.

Era la época entre los 60 y 70 del pasado siglo cuando la "chaviza" de las ciudades colocaba a los Beatles y el rock and roll en el desenfrenado hit parade de su comportamiento y el garrote y autoritarismo político del sistema gubernamental reinaba en todos los rincones del país en nombre del orden social y de la esperanzadora revolución mexicana que llevaba a los más necesitados, la ansiada justicia con todo el esperanzador bienestar a través de las paternalistas políticas públicas como la reforma agraria.

Antaño, las figuras del sacerdote, el doctor y el maestro en aquellos pueblos de Dios y calles polvorientas removidas por las ruedas de carreta, eran altamente reconocidas y mayormente respetadas por encima aun de la propia autoridad, pues el contacto constante por la naturaleza propia de las actividades de estos profesionistas, les permitía ganarse la confianza y empatía de la población que recurría a ellos para solucionar sus necesidades, ya sea espirituales, de salud o de conocimiento.

Mis abuelitos, el profesor Hermenegildo y su esposa, la maestra Severita, fueron muy queridos y apreciados por sus pequeños alumnos y los padres de ellos en Sabinas Hidalgo, pueblo apacible pero también dinámico por su cercanía geográfica con Laredo, Texas, y al que llegaron para transitar la última parte de sus vidas. 

En el ejercicio de su profesión como maestros rurales, sus carreras se dieron ahí, en medio de la nada a donde llegaban como parte de aquella justicia social en el que se impartían las clases de todos los grados en un solo cuartito de sillar y techo de madera, como en el que mi madre se formó junto con muchos alumnos de diversos poblados e hijos de campesinos siendo ahí, en medio de las carencias e incomodidad donde forjó su espíritu férreo, de lucha constante, de superación y en contra de las injusticias entre las clases sociales, que la motivaron para que después de sacar a su familia adelante, retomara sus estudios y se titulara como licenciada en Ciencias Jurídicas a los 53 años de edad.

Me queda claro que más allá de la enseñanza básica o elemental que en aquellos tiempos impartían mis abuelos en las comunidades rurales y sabiendo, viviendo y asumiendo la gran responsabilidad de edificar un mejor futuro de la sociedad en esos pequeños, eran los valores sociales y morales que como parte de la instrucción que impartían, formaban con ello a personas íntegras, decentes, disciplinadas, sociales, responsables, educadas, luchadoras, guerreras, respetables, respetuosas, honestas, honorables y justas.

Y hoy, al observar los malabares de los actores protagonistas en el panorama de nuestra actualidad, añoro con bastante nostalgia y harta vehemencia a maestros como los de aquellos tiempos, como lo fueron mis abuelos, pues seguro estoy que con aquella instrucción de antaño con la transmisión de los  verdaderos valores sociales y principios morales, en la política, en los políticos y en los y las activistas de cualquier movimiento y que toman el noble oficio de la política como botín de sus propios intereses, el nivel de su comportamiento fuera indudablemente otro, mucho mejor que el absurdo, falso, convenenciero, corrupto y criminal quehacer que han demostrado con su andar.

Por hoy es todo, medite lo que le platico, estimado lector, esperando que el de hoy sea un hermoso inicio de semana, por favor cuídese y ame a los suyos respetando la sana distancia; me despido honrando la memoria de mi querido hermano Joel Sampayo Climaco con sus palabras: "Tengan la bondad de ser felices". Nos leemos aquí el próximo lunes.

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