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Crónicas de un comelón

Regios huérfanos

Crónicas de un comelón

La cocina de la Madre Patria y su ausencia en nuestra ciudad.

No puedo decirles a ciencia cierta cuál fue mi primer acercamiento con la cocina española. Seguramente alguna paella, de esas a nuestro estilo. Hechas, forzosamente con arroz largo (porque no había arroces cortos a nuestro alcance) y recargadas de productos, haciendo que el arroz pasara a segundo plano. Pudo haber sido también alguna chistorra pasada por la parrilla. 

Tengo vagos recuerdos de algún restaurante español en Torreón, y de otro en algún lugar del barrio antiguo, creo que en el mismo lugar en el que después se instalaría un célebre restaurante argentino. 

Años después, existirían otros restaurantes que buscaron representar la cocina de la Madre Patria. El Ibérico, La Cañita y otro de un centro de eventos. 

De ellos, sólo uno sobrevive, pero alejado de la identidad culinaria con la que nació. Desde entonces, la cocina española ha brillado por su ausencia en nuestra ciudad. Al menos no más allá de pequeños negocios que destacan por uno u otro platillo, o que se especializan en tan sólo uno o unos cuantos platillos. 

Frecuentemente me topo en las redes con la pregunta de por qué los restaurantes de cocina española no duran en nuestra ciudad. La respuesta obvia, es la falta de comensales que los llenen. 

No creo que podamos decir que no es que no nos gusten sus platillos, más de un lugar ha presumido algunos de ellos como lechón, pastel de queso vasco y claro, las paellas, de las que hasta concursos tenemos. Quizás otros platillos, sí nos gusten pero, simplemente prefiramos la versión mexicana como son algunos postres como churros o flan. 

Unos años atrás, en un restaurante, tuvimos que quitar del menú otro clásico de la cocina española, el gazpacho porque prácticamente no se vendía. A pesar de estar en verano, el día que cambiamos la sopa andaluza por una de tomate asado, los números cambiaron drásticamente. 

Me nació por tocar este tema, porque recientemente visité una ciudad en la que no sólo, tenía un restaurante español a unos cuantos pasos del hotel, sino que, además, un par de ellos aparecían constantemente entre los considerados mejores de la ciudad. En nuestra ciudad, el gusto por las cocinas es como las modas, cíclica y temporal. 

Quizás ya sea tiempo de que algún valiente vuelva a intentar lanzar un concepto de ella. Así como hace unos años, no estábamos listos para lugares enfocados en el vino. Quizás sí estamos listos. Como les decía, algunos restaurantes nunca han dejado de tener platillos españoles, pero incluso algunos más atrevidos como sardinas, aparecen en las cartas. 

Quizás el secreto radique en combinar los clásicos de la cocina española que sabemos que nos gustan, con algunas adaptaciones que lo acerquen al gusto local. ¿Será que pronto podamos comer unas gildas?


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