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Política e Historia

Revocación y democracia

Política e Historia

Revocación y democracia

La revocación de mandato es parte de la democracia de cuarta generación en México, nada a vincular con la 4T, es porque en el país tenemos desde 1917 a la fecha, una evolución democrática por etapas.

No es democracia directa como algunos le llaman, es democracia semidirecta, es una forma de participación de la sociedad en pleno sobre los asuntos públicos.

Hasta hace unas décadas la democracia surgida con la revolución francesa y la independencia norteamericana era representativa; es decir, indirecta; los ciudadanos eligen a un representante en agrupamientos poblacionales y él decide por los miembros de su comunidad.

A esos agrupamientos se les conoce como distritos federales y existen 300 en el país, más otros 200 legisladores por la vía de la representación proporcional mediante los diputados de partido o plurinominales.

La democracia representativa perdió credibilidad en la medida que las sociedades desarrollaron el sentido crítico y descubren que las decisiones de los legisladores en su función de representantes no responden a las necesidades de la colectividad. Lo que comúnmente llamamos legislar de espaldas al representado.

La historia del país está saturada de ejemplos en este sentido, por ello la influencia internacional de democracia semidirecta no batalló para incubarse a fines del Siglo XX. Las sociedades exigen mayor participación en la toma de decisiones; sin embargo, esto en muchos casos aún es sólo en el papel.

Para contextualizar, la primera generación de la democracia se da en 1917 cuando se aprueba la democracia con voto directo, libre y secreto (aunque sea en el papel); la segunda generación surge con el voto universal al acceder las mujeres a la vida política; la tercera generación se ubica con la inclusión de las minorías, así tenemos la representación proporcional en el Poder Legislativo y otras acciones como bajar la edad para votar y ser votado.

La cuarta generación aparece con la ciudadanización de las instituciones electorales y se refuerza con los elementos de participación ciudadana como el referéndum, plebiscito, consulta popular, presupuestos participativos, auditorías ciudadanas y por supuesto, la revocación de mandato.

En nuestro país la democracia participativa o semidirecta no ha cobrado fuerza, en parte por lo burocrático de la aplicación en las herramientas de participación y porque los ciudadanos mismos aún no maduramos en democracia.

La revocación es en estos momentos la cúspide de las herramientas de participación ciudadana. Significa la posibilidad de despedir anticipadamente al gobernante en el Poder Ejecutivo con malos resultados. Por la estructura de nuestra democracia sólo puede aplicar en gobernadores y presidente. Los alcaldes y legisladores tienen otro esquema equivalente en la reelección.

En estos momentos la sociedad se debate entre los oficialistas y la oposición. El mundo pareciera de cabeza, el partido en el poder promueve la revocación y un sector de la oposición la rechaza, un surrealismo político que raya en la comedia.

Es oportuno dejar en claro que no es una elección, por tanto, no aplican los mismos criterios. Aquí la forma de manifestarse se da en tres formas: votando la revocación, votando contra la revocación o no acudiendo a las urnas.

Si no se logra el 40% de los asistentes a la urna, pierde el promovente de la revocación, en otro momento serían los ciudadanos, en el caso actual, sería el gobernante.

Los ciudadanos deben evaluar el valor de su voto y elegir entre las tres opciones posibles para el 10 de abril.

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