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Opinión

Solucionando la crisis alimentaria con tecnología

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Solucionando la crisis alimentaria con tecnología

La humanidad enfrenta uno de los retos más grandes de su historia: poder alimentar a casi 7,800 millones de personas que hay en el mundo.

Puede parecer alarmista, pero la crisis alimentaria ha crecido de manera acelerada en los últimos 20 años, originando que, tan sólo a finales de 2021, más de 800 millones de personas sufrieran hambre, de acuerdo con cifras de la Organización de las Naciones Unidas.

Un aspecto que han detectado organismos como la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación, también conocida como FAO, es que la crisis alimentaria no se ubica únicamente en ciertas regiones o zonas de algunas ciudades, como sucedía anteriormente, sino que se ha extendido por todo el mundo.

Existen tres factores que han agravado la falta de alimentos de manera reciente:

    1. Los efectos de la pandemia de Covid-19 en la cadena de suministro.

    2. Los fenómenos meteorológicos extremos.

    3. La guerra en Ucrania, que ha fracturado los procesos productivos a nivel mundial.

Lo que resulta paradójico es que cada año se desperdician 931 millones de toneladas de alimentos, lo que significa que el 17% de los alimentos que se producen suelen terminar en la basura de nuestras casas, comercios minoristas o restaurantes. Se trata de un desperdicio que la ONU estima en $400,000 millones de dólares.

Como en muchos otros campos de la sociedad, existe la esperanza de que la tecnología ayude a la humanidad a hacer frente a este enorme reto del que depende ni más ni menos que nuestra existencia.

Uno de los principales adelantos en el campo tecnológico para prevenir la inseguridad alimentaria tiene que ver con los desarrollos que permiten prevenir catástrofes, de tal forma que los gobiernos y productores pueden saber con anticipación cómo un fenómeno natural puede afectar las cosechas.

En otras palabras, estas herramientas hacen posible entender y pronosticar mejor las crisis alimentarias y sus repercusiones.

Otras de las tecnologías que tienen lugar son las computadoras personales alimentarias, que permiten generar microclimas de acuerdo con las necesidades que las plantas y alimentos necesitan; por ejemplo, dotándolos de cierta luz o nutrientes específicos que son necesarios para su crecimiento.

Las ventajas de este tipo de desarrollos, es que pueden usarse en espacios pequeños, como la cocina, oficinas o escuelas, facilitando el cultivo en lugares cerrados.

Es de esta forma como computadoras replican las condiciones que otorgan los ecosistemas, pero controlados por inteligencia artificial.

Ante la pérdida de alrededor de 40% de alimentos después de su cosecha y durante su procesamiento en países de África, Asia y Latinoamérica, entre otras cosas por la falta de cámaras frigoríficas, un invento conocido como ColdHubs está revirtiendo esta problemática. Se trata de frigoríficos que funcionan con energía solar y que aumentan la vida útil de los productos de dos a 21 días. Con esto, de acuerdo con la ONU, se han podido reducir los desperdicios de alimentos hasta en 80 por ciento.

De igual forma, un aspecto que cada vez toma mayor relevancia es la comida producida tecnológicamente, sobre todo en lugares como Silicon Valley, donde empresas como Impossible Foods buscan sustituir los alimentos procedentes de animales por unos de origen vegetal, pero con beneficios a la salud mucho mayores.

Esto tiene dos impactos: el primero es que permite producir alimento bajo demanda, y uno más es el que tiene que ver con un menor impacto en el planeta, ya que de acuerdo con la FAO, el 18% de los gases de efecto invernadero son generados por la actividad ganadera. 

El 2035 es el año en que se estima que la tecnología de los alimentos iniciará un ascenso que no tendrá vuelta atrás.

Claramente la mano de obra agrícola es cada vez más escasa, lo que genera problemas en la proveeduría de alimentos en las grandes ciudades. Países como Singapur o Chile están solucionando esto a través de huertos verticales, en zonas donde la disponibilidad de suelo es poca. No se trata sólo de espacios de cultivo en la pared de los hogares, sino de edificios completos dedicados a la agricultura. Estos modelos de producción generan beneficios logísticos y de costos, pero lo más importante es que utilizan la experiencia milenaria de quienes deciden trasladarse del campo a la ciudad, así como sistemas de alto rendimiento de agua y bajo consumo energético, consagrándose como una actividad tecnológica sustentable del futuro.

Claramente la falta de alimentos a nivel mundial es una problemática que va en aumento, y una advertencia para que los gobiernos y las empresas prioricen iniciativas que fomenten la producción, el suministro y el consumo nutritivo, sostenible, menos costoso y más accesible. El cambio climático eleva el grado de riesgo que esto representa para la humanidad, pero en la tecnología podemos encontrar un gran aliado para hacer frente a esta situación.

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