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Cabrito Mayor

Su otro yo

Cabrito Mayor

Su otro yo

Cuando pequeño recuerdo las originales caricaturas de Tom and Jerry, quizás era la segunda y a mi juicio, mejor versión de la serie por su música excelsa y animación sincronizada con escenas para algunos en ocasiones, excesivamente violentas pero con mensajes de fondo totalmente entretenidos donde se diferenciaba de alguna forma el bien y el mal ubicado como un pequeño angelito y su igual pero en diablillo en cada uno de los hombros de los personajes para ejemplificarlo como “su otro yo”.

Polos opuestos pues, entre el bien y el mal en la toma de decisión de lo que con los años más adelante conoceríamos como el libre albedrío que no es otra cosa que la libre determinación de lo que por voluntad propia surge de lo que tenemos en nuestro interior para ejercer nuestras acciones de vida.

Sin embargo hoy vivimos épocas muy distintas que en las que fuimos criados donde los usos, la cultura, las tradiciones y las costumbres son otras, abismalmente diferentes, más ligths y crueles a la vez y donde las nuevas generaciones más reactivas a todo, salieron más delicadas que el cristal que identifica a esta última camada humana que se descose lagrimonamente como magdalenas ante la autoritaria, formadora y educativa chancla voladora que en el pasado regía y que de aparecer en el horizonte actual, sería sencillamente neutralizada con un amague mediático contra los derechos humanos de los menores.

Con valores morales y sociales bastante muy distorsionados por el consumismo y la comercialización de los estilos de vida para aparentar ser lo que queremos, nuestra sociedad actual hoy se encuentra sumergida en “la barita mágica” que representa la tecnología que en épocas de la pandemia, se ha fortalecido para encontrar en ella, soluciones mágicas para la vida desplazando con ello y en mucho, la naturaleza real en la formación y edificación del ser humano que hoy quiere a toda costa, vivir como rico sin tener que trabajar.

Increíble es por ejemplo la “coucherización” virtual a la que estamos siendo sometidos por todos los ámbitos por autodenominados “masters” para fortalecer nuestros conocimientos en algo determinado como la salud física, emocional, mental, de pareja, financiera, de emprendimiento y muchos otros rubros mientras que los educandos buscan soluciones ilusionantes colocando su techo máximo en la vanidosa “selfie” que le da el estatus mediático y virtual anhelado en tanto que en la vida real, a veces ni siquiera tienden su propia cama porque sencillamente eso, no está hecho para ellos.

Decía Rodolfo Rodríguez “El Pana”, “la miel no se hizo pa´la trompa de los marranos” y ciertamente no todos tendremos las aptitudes ni conocimientos para procesar la miel como las abejas, pero en nuestro envolvente mundo todos necesitamos de todos, los que no tienen necesitan a los que tienen para tener algo mientras que los que tienen, ocupan para tener, a los que menos tienen y así, en un círculo virtuoso en beneficio de todos, todo podría funcionar como un relojito siempre y cuando la sincronía entre las partes apuntara hacia un mismo destino de bienestar común.

Sin embargo, los problemas vienen cuando “su otro yo” apunta hacia otro lado muy distinto del bienestar común y sus objetivos van encaminados a rumbos egocéntricos negativos como la avaricia, la envidia, la maldad, la soberbia, la ira, la pereza, la lujuria o la gula que 

acompañada de la tecnología actual, alimenta enormemente al desperdicio de los hermosos tiempos de convivencia para la transmisión de los valores formativos de las nuevas generaciones.

Y lo digo porque es un hecho que hoy los menores echan a la borda su tiempo frente a las pantallas, teléfonos o tabletas “entreteniéndose y socializando” en interacciones virtuales, juegos sangrientos de armas y balas, más que formándose de valores pues la pereza, la soberbia o la envidia de sus padres, los hacen presa fácil para desatender sus obligaciones y compromisos formativos con la célula de la sociedad.

Ahora mismo que iniciamos un nuevo año es importante reflexionar el punto de “su otro yo” para dejar de flotar añorando el pasado maravilloso que vivimos, abandonar la deriva de la incertidumbre del presente para continuar con nuevos bríos, con la esperanza bien fija y la fe bien puesta en uno mismo hacia la consecución de un futuro mejor, ese mismo que todos los mexicanos queremos y seguramente con mucho amor, merecemos justamente para nuestras propias familias. ¡A echarle “canas” querido lector!

Por hoy es todo, medite y reflexione lo que le platico, esperando que este año 2022 le traiga a usted y a su familia mucho tiempo de convivencia, de amor, salud, paz y prosperidad y por favor cuídese, no baje la guardia y ame a los suyos; me despido honrando la memoria de mi querido hermano Joel Sampayo Climaco con sus palabras: “Tengan la bondad de ser  felices”, nos leemos aquí el próximo lunes Dios mediante y ¡Feliz Año Nuevo!

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