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Crónicas de un comelón

Sueño de un día de verano

Crónicas de un comelón

Sueño de un día de verano

No todo es sufrir un calor infernal.

Para el vecino país del norte, se acerca el Memorial Day Weekend y con éste, el final de la temporada de parrilladas veraniegas y para algunos, el fin no oficial del verano. Nosotros aquí no tenemos que preocuparnos por el fin de la temporada de parrilladas, ni mucho menos porque se nos acabe el calor. 

Y aunque queden aún unas semanas para el fin oficial del verano, casi hemos olvidado lo que significan las temporadas en esta ciudad. No me refiero a los calores de treinta grados que luego experimentamos en plenas épocas de fin de año. Sino a que la modernidad y la tecnología han hecho que algunos ingredientes pierdan su estacionalidad.

De cualquier forma, quise dedicar unas palabras, así como hicimos el año pasado para comentar sobre las maravillas que nos trae normalmente la temporada que ya casi despedimos: El verano. No, no vamos a hablar de las idas a la isla. Sino de los productos que normalmente se dan mejor en la temporada. 

Uno de ellos, infaltable en nuestra mesa: El tomate. Cierto que entre el privilegiado clima del pacífico y el calentamiento global, ya no los sentimos como algo especial, porque los vemos todo el año. 

Hace dos años, sin embargo, que tuvimos que dejar de comer tomate por restricciones médicas, aprendimos a apreciar su enorme valor. Imaginen ustedes lo triste que es comer sin tomate, ni el picadillo queda igual, y no hay salsita que ponerle a los tacos. 

No hablemos de las pizzas, cuyo espectro se reduce drásticamente al no poder ponerle la salsa tradicional. En contrapunto, al menos, descubrimos varias opciones de maravillosas pizzas blancas. Desde que nos levantaron la restricción, no nos vuelve a faltar tomate en casa en la forma que sea.

Otras estrellas del verano, son las frutas coloquialmente llamadas “de hueso”. Y esas, a diferencia del tomate, si sufren cuando se acaba la temporada. Más bien, sufrimos nosotros porque sí escasean. 

Duraznos, nectarinas, ciruelas y cerezas son algunas de las frutas que podemos disfrutar en el verano. Ahí sí voy a aceptar la modernidad, disculpen ustedes, pero me encanta ver las secciones de frutas de los supermercados llenos de distintas variedades de ciruelas deliciosas. Una ciruela pluot bien madura es un placer inigualable. Bueno, cualquier fruta en temporada. 

¿Y qué me dicen de los mangos? Aunque su temporada empieza antes de la primavera, se extiende hasta poco antes de que termine el verano. Al igual que las ya mencionadas frutas (porque sí, el tomate es una fruta), es una delicia. 

Pero qué les vengo a decir yo, si en esta ciudad el mango es un infaltable de los menús de algunas pastelerías. Recuerdo en mis primeras clases de cocina en esta ciudad, todos los alumnos querían aprender a hacer “rollo de mango”, pay o mostachón.

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