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Latitud

¿Tiene la culpa Samuel de la falta de agua?

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¿Tiene la culpa Samuel de la falta de agua?

¿Quién tiene la culpa de que no haya agua en Nuevo León? Distingamos: una cosa es el abasto de agua y otra su distribución. 

Desde el sábado pasado, quienes vivimos en el Área Metropolitana de Monterrey sólo contamos con seis horas al día de agua: de 04:00 a 10:00 de la mañana. 

En la práctica estos horarios no son tan rigurosos para algunos. Para otros, en cambio, la falta de agua los ha llevado a encabezar protestas y bloqueos. Sí, por supuesto, están en su derecho. 

Pero por más bloqueos y marchas que hagamos en contra de las autoridades que distribuyen el agua, no ganaremos nada con eso. 

Para apagar las llantas y ramas incendiadas en las protestas, se requiere gastar agua. 

¿Se vale desperdiciar líquido vital que tanto necesitamos en apagar incendios provocados? 

¿Se vale que en plena crisis de distribución de agua impidamos la entrada a sus espacios laborales a los empleados de Agua y Drenaje? 

¿Vamos a mejorar la distribución de agua estorbando el buen desempeño de los trabajadores del sistema de AyD? ¿De los cuadrilleros, ingenieros y técnicos de calle que en todo caso merecen nuestro respeto y admiración por partírsela diariamente? 

Si un responsable hay por la falta de agua no es quien la distribuye sino quien la abastece. 

El responsable del abastecimiento que se extrae de los ríos, las cuencas y el subsuelo es el gobierno federal. 

Las concesiones del uso de pozos las da el gobierno federal.

El recurso financiero para crear presas, acueductos y embalses lo da el gobierno federal. 

El trasvase de la presa de un estado a otro lo hace el gobierno federal. 

Sin embargo, se quiere culpar al gobernador Samuel García. Y estos acusadores de ocasión tienen todo el derecho de manifestarse. Lo que no tienen es razón.

De modo que, menos rabia y demagogia y más solidaridad y sentido común. ¿Es mucho pedir?

Adiós a Jorge Lugo 

Un domingo, hace unos meses, invité a comer a mi casa a mi amigo Jorge Lugo (él diseñó el concepto de Charla con Eloy Garza). 

Me contó sus proyectos en televisión, sus planes como productor; me pidió que lo acompañara a un viaje al rancho del rejoneador Gastón Santos, en San Luis Potosí. 

En la sobremesa, hablamos de su cáncer. Comimos unos higos y unas granadas de mi jardín. 

Le regalé un libro muy valioso: las memorias del viejo Gonzalo N. Santos, alias "El Alazán Tostado, primero muerto que capado", firmado por el propio autor. 

Me dijo Lugo que leería las memorias del legendario cacique antes de morir. 

Hace unas semanas me mandó un mensaje por WhatsApp para asegurarme muy ufano que acababa de terminar la lectura del libro que le regalé. 

Ayer murió Jorge Lugo. Descanse en paz.

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