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Siete Puntos

¿Traidores o abstemios?

Siete Puntos

¿Traidores o abstemios?

1. "Traidor" es la palabra de moda en el universo político del país. Pero lo mismo se la endilgan la diputación de Morena y sus aliados a los partidos contrarios a la reforma energética, que la oposición –hoy fortalecida– al Presidente de la República y a la camarilla gobernante por proponerla. ¿En verdad ambos protagonistas están traicionando compromisos, ideales, lealtades? ¿Se merecen ese calificativo? ¿No podríamos llamarlos más bien "abstemios", si decidieron abstenerse de obedecer al Presidente o a los intereses extranjeros?

2. Veamos. Un traidor es la persona que, sabiendo cuáles son sus competencias, y consciente de la confianza que depositan en él –ya sea sus superiores o, como en el caso de los diputados, los ciudadanos que los eligieron–, actúa de manera diferente a la esperada y, en la mayoría de los casos, por recibir algún tipo de recompensa, casi siempre económica, que le lleva a degradarse vendiendo su voto. Quien actúa con tal infidelidad merece la crítica pública, aunque de ninguna manera la agresión física y el insulto.

3. Pero, ¿y si, quizá por única vez, damos un voto de confianza a nuestros diputados federales, y creemos que los unos no son ni sumisos acatadores de la voluntad presidencial, ni desean volver a pasados priistas? ¿Y si tampoco buscaran fomentar energías sucias, ni regresar a esquemas estatistas ya superados en el mundo entero? ¿Y si creyeran en verdad que, con esa propuesta, se beneficiaría a los más pobres, y se cuidaría de un recurso tan estratégico como el energético? No estaríamos hablando de traidores.

4. Del otro lado puede ser semejante. Quizá los partidos opositores rechazaron la nueva reforma energética no por vender su sufragio a las poderosas empresas extranjeras, tampoco por afectar la soberanía nacional, ni para favorecer la corrupción que –sin duda y es un tema a revisarse– se potenció con la actual reglamentación. No podemos descartar que hayan votado en contra convencidos, también ellos, que a final de cuentas la nueva enmienda no terminará favoreciendo a los más pobres, sino por el contrario. Igualmente no serían traidores.

5. ¿Entonces? Si no son traidores: ¿cómo podemos calificarlos? Pensando bien de ellos diríamos que son "abstemios". Y no me refiero a quien se priva del alcohol, que es la referencia más frecuente de la palabra, sino a aquellos que optan en conciencia por no seguir las consignas de la opinión pública, se abstienen, y de un buen número de ciudadanos –los diputados morenistas y aliados–, y a los opositores que se negaron, también de acuerdo a su conciencia, a sucumbir a las presiones presidenciales y a la mayoría gobernante.

6. No hablemos, pues, de traición, sino de abstención. Soñemos que nuestros representantes son conscientes, incapaces de entregar su voto al mejor postor, y de dar la espalda a las esperanzas que sus votantes depositaron en ellos. Démosle a los legisladores el beneficio de la duda y, por una ocasión, pensemos que no son traidores, sino abstemios –aunque se tomen una copita de vez en cuando–. De lo contrario, estaríamos ante un ejercicio de la política muy distante del que imaginó Platón, y que la entendía como la búsqueda del bien común desde el poder.

7. Cierre icónico. Es curioso que, a quienes el imaginario colectivo califica como "de derecha y capitalista" –norteamericano–, por una parte, y de "izquierda y socialista" –mexicano– por otra, sean tan amigos, al punto de que éste acepte las burlas públicas de aquél sin inmutarse. Los dos son, más bien, conservadores y rechazan las libertades individuales; mienten con facilidad y no les importa injuriar y agredir; se enojan con periodistas críticos y actúan por encima de la ley; desperdician la oportunidad de quedarse callados y hablan en exceso. Se parecen tanto.

papacomeister@gmail.com

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