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Siete Puntos

Treinta años

Siete Puntos

Treinta años

1. Casi inadvertida pasó la visita a nuestro país del cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado del Vaticano y, en la práctica, el número dos en la escala jerárquica de la Iglesia Católica. Aunque vino a México por motivos internos –la ordenación episcopal de Javier Hererra Cardona, nuevo nuncio en República del Congo y Gabón–, aprovechó la ocasión para participar en la conmemoración del 30 aniversario de la reforma a la Constitución Política de México, en los artículos 3, 5, 24, 27 y 130, y de la creación de la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público.

2. ¿Qué ha pasado durante estas tres décadas en lo concerniente a las relaciones entre las agrupaciones religiosas y el Estado mexicano? ¿Han sido los clérigos los principales afectados por las nuevas reglamentaciones? De ser así: ¿de qué manera? Conviene recordar el contexto en el que surge esta modificación constitucional. Desde que Salinas de Gortari llegó al poder en 1988, y siendo Girolamo Prigione el delegado apostólico –que no nuncio– del Vaticano en México, se comenzó a plantear la posibilidad de una mutación constitucional.

3. El objetivo oficial era terminar con la simulación que se daba en el país, pues la famosa Ley Calles, que buscaba limitar las prácticas religiosas en 1926, poco a poco se fue diluyendo con el paso de los años, aunque permanecía como una bandera que podía enarbolar la autoridad si algún clérigo le resultaba incómodo. Tal ambigüedad, se afirmaba, no le convenía a nadie, por lo que se debía encontrar una nueva forma de convivencia. Además, y aunque permanecía la aversión de la clase política a lo religioso, los tiempos habían cambiado.

4. La reforma legal arrojó ventajas y desventajas para las agrupaciones religiosas y sus pastores. En lo económico se autorizó a la posesión de bienes que fueran indispensables para cumplir su objetivo, pero se obligó a los curas a pagar impuestos. También se permitió el voto de éstos en los procesos electorales, pero se les prohibió ser votados. El culto litúrgico se restringió a los templos, pero se autorizó realizarlos en la vía pública con el respectivo permiso. En fin. Luces y sombras que acompañan a cualquier cambio legislativo.

5. Treinta años después, hay algunos fenómenos que llaman la atención. Por una parte, la simulación que se quería combatir todavía está presente. Las asociaciones religiosas dicen respetar la ley, y la autoridad afirma que la aplica. Las primeras se la saltan con frecuencia, y la segunda la tolera, mientras no se trate de algo sumamente grave. De vez en vez se dan amagos de castigos ante faltas mínimas, se reconviene a clérigos cuando se pronuncian por coyunturas políticas, pero nadie ha ido a la cárcel por una crítica al gobierno.

6. Creo que la enmienda ayudó, por un lado, a que los ministros de culto no se sientan privilegiados, y paguen sus impuestos como cualquier ciudadano. Por otra parte, las leyes respectivas, y la cultura política mexicana en general, siguen considerando a los fieles de las diferentes religiones como infantes inmaduros, que accederán a cualquier consigna que les transmita su pastor religioso. Olvidamos que toman sus decisiones electorales basados en sus principios ciudadanos y no siempre motivados por sus creencias religiosas.

7. Cierre icónico. El pasado martes celebramos el Día Mundial de la Libertad de Prensa. En esa misma fecha, Human Rights Watch, la organización defensora de los derechos humanos con sede en New York, informó que México es el segundo país más peligroso para ejercer el periodismo... ¡después de Ucrania! Nos debe llamar la atención el que estemos sólo por debajo de un país invadido por una superpotencia mundial. Pero, claro. Las autoridades responderán, de seguro, que ese organismo respalda los intereses de sus enemigos.

papacomeister@gmail.com

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