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El debate equis...

Un fraude llamado Congreso de Tamaulipas...

El debate equis...

Un fraude llamado Congreso de Tamaulipas...

Qué les puedo decir, ni el Cura de Dolores fue el Padre de la Patria y menos Juan Escutia se tiró de cabeza envuelto en una bandera mexicana, pero bueno, esa es la versión maniquea que nos vendieron los gobiernos revolucionarios en los libros de texto.

La clave, mediatizar igual que con el tema de Lázaro Cárdenas o el asunto del Chavo del 8 con el que se logró bajarle dos rayitas a la sociedad revoltosa universitaria, y en general, de finales de los 60 y principios de los 70. 

Mejor hablemos de tragedias más comunes, como lo que pasa en Congreso de Tamaulipas y no vamos a decir nombres, porque la mayoría son parte del mismo fraude legislativo. 

Desde la instalación de la Legislatura LXV, hemos confirmado lo lejos que están de proteger los intereses de los ciudadanos. 

Por más cuentos que leemos todos los días, en la radio, en la prensa, en sus redes sociales, en la televisión, los 36 diputados locales disfrutan exhibir sus insuficiencias. 

Las académicas, las morales y por supuesto que las propias del cargo, y por lo mismo el palacio legislativo se ha transformado en un cuadrilatero chafa de lucha libre. 

En este sentido, la pregunta de este día, la tarea para ustedes, para nosotros, para todos, es el saber en qué momento el Congreso de Tamaulipas se mimetizó en un mercado de chivos en cristalería. 

Aquí la respuesta: los ciudadanos de Tamaulipas somos quienes tenemos la culpa. 

Así como los 128 senadores son los responsables de la política exterior, con la representación de los 32 estados de la República. Los diputados son los representantes de los ciudadanos. 

Si se trata de la Cámara federal, nuestra nación está dividida en 300 distritos, 300 pedazos de territorio, donde nosotros como electores votamos por un representante de nuestras necesidades. 

Y lo mismo pasa con los diputados locales que, en el estado son 22 distritos, con la misma función. Cuidar que tengamos mejores condiciones de vida, seguridad, educación, justicia y seguridad. 

Hasta ahí, todo en aparente formalidad; sin embargo, todo se convierte en una ilusión, en una estafa a los ciudadanos, por algo tan sencillo.  

Somos nosotros, los que primero votamos, y luego se nos olvida hacer valer la palabra comprometida en campaña. 

Porque además, ellas, ellos, saben de nuestra fragilidad mental. Duele decirlo, pero así es. Un día les hacemos fiesta y al día siguiente de las votaciones ellos nos llevan al baile, atropellando nuestros intereses.

Quien no los conozca que los compre, que el problema es como advertimos, es la sociedad lenta la que no cumple el compromiso superior de hacer valer su condición de ciudadanos.  

El genial Víctor Hugo decía... "entre un gobierno que lo hace mal y un pueblo que lo consiente, hay cierta complicidad vergonzosa".  

Estamos como estamos que semos como semos... se cacaraquea en el rancho...

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