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Neurosis compartidas

Un poema que aún se siente

Neurosis compartidas

Un poema que aún se siente

´´Este largo cansancio se hará mayor un día,

y el alma dirá al cuerpo que no quiere seguir

arrastrando su masa por la rosada vía,

por donde van los hombres, contentos de vivir...´´.

Gabriela Mistral describió en ´Los sonetos de la muerte lo que bien podrían estar sintiendo millones de personas justo hoy que han pasado 13 días de este 2022.

Seguimos en pandemia y atiborrados de presiones. Es agotador.

´´Sentirás que a tu lado cavan briosamente,

que otra dormida llega a la quieta ciudad.

Esperaré que me hayan cubierto totalmente...

¡y después hablaremos por una eternidad!´´.

¿Querré hablar en la eternidad?...

Gabriela Mistral fue una escritora chilena, de las mejores plumas universales y entre todos sus reconocimientos destaca el Premio Nobel obtenido en 1945 convirtiéndose en la primera mujer iberoamericana en conseguirlo.

Mistral tuvo su momento en México. Fue traída por quien fuera secretario de Educación, José Vasconcelos (en esos años eran llamados ministros).

En 1922, hace 100 años, Gabriela trabajó para el gobierno mexicano en un plan para reformar el sistema educativo con la mira de tener una enseñanza rural. Muchas de sus ideas se mantienen en la actualidad. Y es que doña Mistral, además de poetisa, era profesora de vocación.

¿La pueden imaginar en clases vía Zoom?

Fundamentó sus ideas en ´´enseñar siempre´´, no importa cómo o dónde, lo que había que hacer era llevar la educación hasta el último rincón del país. Así que sí me la imagino. Mandando mensajes por whats, mails, lecturas en videollamadas... la Mistral no pararía.

En nuestro país creó las escuelas al aire libre y es que la idea era llegar a los lugares más escondidos.

Y con esta convicción, también luchó por la igualdad en las aulas.

Dentro de su pedagogía quiero destacar este pensamiento: ´´Amenizar la enseñanza con la hermosa palabra, con la anécdota oportuna, y la relación de cada conocimiento con la vida´´.

La enseñanza no son sólo palabras apiñadas como soldados, son palabras bailarinas que van de un lado a otro. Palabras que nos hacen descubrir y con ello aprender.

Que sabio fue de su parte tener el concepto de meter la anécdota el aula. No hay mejor maestro que ese que te cuenta desde su propia trinchera y no sólo lo que leyó en un libro.

Tuve maestros así, que eran ´´bonachones´´ de los cuales aprendí más de su propia experiencia. Un consejo: no los desaprovechemos.

Y había otro pensamiento que buscó inculcar esta escritora en su vida pedagógica y que se aplica a todas las profesiones: ´´Hay que merecer el empleo cada día.

No bastan los aciertos ni la actividad ocasionales´´. Me quedo con ello también.

Fue congruente en su escribir, en su andar. En su testamento, estipuló que el dinero producido por la venta de sus libros en América del Sur debía destinarse a los niños pobres de Montegrande, donde pasó parte de su infancia.

´´Sólo entonces sabrás el por qué no madura para las hondas huesas tu carne todavía,

tuviste que bajar, sin fatiga, a dormir...

Se hará luz en la zona de los sinos, oscura;

sabrás que en nuestra alianza signo de astros había

y, roto el pacto enorme, tenías que morir...´´.

Gabriela Mistral murió en el Hospital de Hempstead, en Nueva York, a causa de cáncer de páncreas, el 10 de enero de 1957, a los 67 años. No la olvido y leo su antología de poemas Desolación junto a una taza de café.

MIS NEUROSIS: Escribir poco, pensar mucho y al final enredarme en Instagram, Facebook y demás. Tengo pocos propósitos para este año, pero uno sin duda es leer más, alimentar mi alma y cerebro. Apúntense.

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