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Pensando en la gente

Un regreso seguro a clases

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Un regreso seguro a clases

Adalberto Madero

Esta pandemia no solamente generó una crisis económica, sino también propició una crisis educativa. En marzo del año pasado, el gobierno federal decretó el cierre total de todos los planteles educativos con la finalidad de proteger la vida de nuestros hijos y resguardar la salud de miles de maestros. Desde esa fecha, la educación ha sido a distancia y hay que decirlo claramente: esta modalidad de enseñanza ha dejado mucho que desear, sobre todo, por su bajo nivel de rendimiento. De las 6,088 escuelas públicas y privadas que hay en el estado, solamente 132 acuden a clases presenciales (2%), 1,241 tienen actividad mixta (20%) y 4,715 continúan en línea (78 por ciento).       

Urge el regreso a clases presenciales con la finalidad de que nuestros hijos mejoren su enseñanza y puedan recuperar el año perdido. Sin embargo, a pesar de que el gobierno estatal hace dos semanas autorizó un aforo de 100% en escuelas –y la semana pasada se retractó y estableció el 50%, lo que nos deja entrever lo improvisado de sus medidas– el retorno a los planteles públicos solamente puede darse si existen las condiciones favorables para que maestros y alumnos puedan desempeñar sus actividades sin poner en riesgo su salud y la de sus familias. 

Coincido con el periódico El Horizonte de que aquí en Nuevo León el regreso a clases presenciales por parte de las escuelas públicas ha sido un rotundo fracaso. Esto se debe a varias razones.

En primer lugar, los maestros tienen miedo de ir a las escuelas porque ellos saben que están deficientemente vacunados. El gobierno les aplicó la vacuna china CanSino, la cual la Organización Mundial de la Salud todavía no autoriza, porque no ha pasado la fase tres. Y más aún, este laboratorio ya le mandó un comunicado a la Comisión Federal para la Protección contra Riegos Sanitarios (Cofepris) sugiriéndole aplique una segunda dosis de refuerzo pasando los primeros seis meses de la primera aplicación, y aquí en Nuevo León todos los maestros tienen más de un semestre de haberse vacunado, por esa razón urge una segunda vacuna de refuerzo a cada uno de los 126,494 maestros del estado.

Segundo, la Secretaría de Salud tiene que realizar pruebas anti-Covid en cada plantel educativo para determinar el estado de salud de directivos, maestros y alumnos, y no dejarse guiar por simples observaciones de los profesores o padres de familia. Debe imperar la certeza sobre la higiene de las aulas, de otra manera, ni los alumnos ni los profesores tendrán la seguridad de no contraer el Covid-19. 

Tercero, la Secretaría de Educación de Nuevo León (SENL) le está exigiendo a cada alumno y a cada maestro que adquieran su propio paquete anti-Covid, que consiste en dos cubre bocas –y no piden el económico de tela, sino el de polipropileno, que es más caro– gel, mascarilla y toallitas sanitisantes. Este paquete individual cuesta $450 pesos por mes. Esta es una de las razones por las cuales muchos padres de familia no pueden enviar a sus hijos a la escuela, muchos están sin trabajo o reciben medio pago porque su patrón redujo la jornada laboral para hacer frente a la crisis.

Cuarto, en el documento de la SENL Estrategia de regreso seguro a la Escuela. Planeado, prudente y pertinente, ciclo escolar 2021-2022, la titular de dicha secretaría,  Dra. Sofialeticia Morales Garza, señala que para prevenir los contagios existirán tres filtros, uno en la casa, otro al entrar a la escuela y el último al entrar al salón de clases, pero para nada menciona los medidores de temperatura que son imprescindibles para esta prevención. Subraya que los padres de familia deberán comprar el kit anti-Covid-19. Agrega que a los maestros les van a impartir un curso para identificar a los niños que estén contagiados, pero eso para qué sirve, si no les van a entregar ningún insumo y a además dicho “método” es totalmente absurdo, los maestros no son médicos y no están capacitados para determinar los síntomas de la pandemia. También comenta que la iniciativa privada está arreglando las escuelas, es ingenuo pensar que las empresas van arreglar todos los planteles educativos, que además no es su obligación. Por si fuera poco, los maestros estarán obligados a compartir su Internet en caso de que las escuelas no cuenten con dicho servicio, que en la mayoría de los casos éstas no disponen ni de equipo ni están conectadas a las redes. 

Si bien es cierto que urge que los niños y los jóvenes regresen a clases presenciales debido a que el encierro les ha provocado problemas de salud socioemocional, además del atraso académico, también lo es que el retorno a las aulas debe ser de manera segura, con todas las medidas de higiene y de protección para alumnos, directivos y personal docente. Es en este punto donde el gobierno no ha hecho su tarea. 

En conclusión, la SENL debe, en primer lugar, presentar una evaluación real y puntual del estado en que se encuentran los planteles oficiales y, segundo, llevar a cabo las obras de reparación e instalación que requieran las más de 5,000 escuelas públicas. Finalmente, aplicar una segunda dosis de vacuna a los 126,494 maestros del estado, ya que con la primera aplicación siguen vulnerables al Covid-19 y, lo más importante, proporcionar el paquete anti-Covid, ya que la mayoría de los padres de familia, debido a la crisis económica, carecen de recursos para sufragar este gasto, que por justicia social debe asumir el gobierno de Nuevo León. 

Al gobierno del estado le hace falta empatía con los alumnos, pero sobre todo con los maestros, ya que no está generando las condiciones para un regreso seguro a clases. 

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