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Crónicas de un comelón

Un tributo a los que se fueron

Crónicas de un comelón

Un tributo a los que se fueron

Lo que verdaderamente importa de nuestras tradiciones es perpetuar el amor más allá de la muerte, con su platillo favorito.

En algún momento de la vida de cualquier padre de familia, está el aprenderse de memoria (por la fuerza) alguna canción, película u otro contenido audiovisual. En casa de ustedes, por estos días, la televisión se convirtió en sinónimo de ver a unas tales Elsa y Anna, en los limitados pero diferentes contenidos que el servicio de suscripción del ratón pone a nuestra disposición. 

Justamente anoche, veía por enésima vez los esfuerzos del bonachón hombrecillo de nieve por rescatar las fiestas de las princesas y me dejó pensando en el tema de las tradiciones. 

Justo estamos ante las puertas de una importante fiesta de nuestro país, el día de muertos, que sí, es una bellísima fiesta, pero ¿a poco todos ustedes se acuerdan de haberlo celebrado desde siempre? 

No, no quiero decir que haya sido culpa del ratón y de mamá Coco el haberla puesto de moda, ni del agente 007, aunque sería imposible negar, que aunque extranjeras, estas películas han aumentado la exposición de la fiesta.

Y en particular de algunos detalles de ésta e incluso, llegando a cambiar la celebración hasta cierto punto; ese desfile de la capital, aunque periférico a la fiesta en sí, no sucedía antes de la película de James Bond.

Tampoco era tradicional el disfrazarse de catrinas, la fiesta es mucho más vieja que los grabados del Sr. José Guadalupe Posada. Bueno, en realidad disfrazarse no es parte de la celebración. Eso es Halloween y Dios nos libre de las fiestas extranjeras. 

Afortunadamente, no se nos olvida que la fiesta se trata de recordar a los seres queridos que ya no están con nosotros, y aún más bonito, de recordarlos a través de sus gustos de comida y bebida. 

No es que nuestros difuntos tengan como único propósito regresar para que les demos de comer, mejor pensemos que, preparándoles la comida que les gustaba, estamos perpetuando nuestro amor por ellos. Al fin, como dijera George Bernard Shaw, “No hay amor más sincero que el amor por la comida”. 

Pongan o no pongan altar, que como les decía no es algo con lo que crecimos aquí en el norte, no estaría mal que este fin de semana, lunes o martes, dediquemos unas horas a recordar a quien no está con nosotros, preparando su comida favorita, le dejan un platito en la ofrenda si es su caso, y si no, pues a disfrutarlo nosotros. 

Al fin y al cabo, más allá de los rituales que comprenden una fiesta, lo importante es no perder de vista de lo que éstas se tratan. Además, tenemos la fortuna de vivir en un país en el que nos es difícil separar las conmemoraciones de la comida. 

Así que por ahora, pongamos pausa en las dietas, vamos a comprar ingredientes para preparar ese platillo y por qué no, que se nos pegue también un panecito de muerto.  ¡Provecho!

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